viernes, 7 de abril de 2017

El Bisonte Astral (Tres poemas de Ingrid Bringas)



Por: Ingrid Bringas (México)



-Designio-

Yo no puedo rasurarme a diario la vida
la que se detiene jadeante
con sus nostalgias de países lejanos
al cielo raso de la noche
le cuelgan aves
sus cantos de mujer que anestesian la ciudad
la duermen, la envuelven en el humo de cigarros
levanto las pupilas a la noche con las axilas desnudas
el amor terco del todo
lepra del tiempo
el oleaje de tu entrega dame
el viento de tu aroma y su epilepsia.

-No Es Anti Poesiá-

No es que me esté volviendo loco
la musa me susurra, casi me ahoga en su grito
casi me cruje el alma
rabia de felicidad de graznidos
correr tras el propio corazón
tras el propio sombrero
¡No quiten las golondrinas! ¡No las toquen!
que permanezca el murmullo de la canción, la oquedad de la nada.

-El Bisonte Astral-

Esta noche que no es mía la envuelvo entre mis manos
estoy viva con el candor de la metralla
con la fiesta de las mexicanas
de la falda subnormal de este barrio
Beso seco ja ja ja.
Recordaré a la fresca noche a través de nuestros ojos
Leer a Ferlinghetti no basta en una noche de aullidos y bayonetas.
Hablaré de tus nalgas, de la guerra que son un mejor profeta.

domingo, 19 de marzo de 2017

Aqua, un viaje que nunca termina


Por: Daniel Acevedo

“La alquimia convirtió el agua en un acuario de relojes…”, con este último verso cierra el poema “Los 100 metros estilo libre de Mark Spitz” del poemario Aqua de Felipe López. Más allá de ser un verso con una imagen poderosa, y que, ciertamente, es uno de mis favoritos, es un verso que define la ruta de vuelo del libro. Inicia un encuentro con lo primigenio y con aquellas historias que creíamos olvidadas y que viven en los riachuelos, los arroyos, las cataratas y los océanos. Aqua es un viaje al pasado, a través de la memoria del agua, de las historias que deambulan por sus flujos y recorridos. No es en sí la búsqueda de una esencia ficticia, sino un juego con aquellas relaciones que ha establecido el hombre con el elemento líquido a través de su historia y su cotidianidad. Es un canto de una Náyade en un idioma antiguo, pero al mismo tiempo cercano, que solo podremos entender si escuchamos atentamente y nos dejamos llevar por el flujo incesante de imágenes.

López, como un antiguo shaman, nos recuerda esa conexión y para ello usa el lenguaje del agua, de los astros, de la lluvia, del océano. Nos deja sumergirnos y ver los relojes, las bisagras del viento, la sangre del poeta que muere ahogado y deja una inscripción en las rocas. El delirio es clave, potencia el encuentro con lo efímero, captura el instante de un flujo, para luego desaparecer. Las imágenes se mezclan y nos revelan verdades que creíamos pérdidas, Aqua es, ciertamente, más que una red de palabras poéticas, un ansiado despertar; una activación de sentidos para percibir lo imperceptible. La metáfora no es casual, una danza de palabras que se encuentran por vez primera, en un juego de abalorios. Un canto que, a pesar del silencio que se expande, intentar emular lo imposible.

Aqua es una apología no sólo al agua, sino a la vida y sus potencias. Es allí donde aparece la imposibilidad y el poeta es consciente. Defender la vida, y el agua su líquido inmanente, es una empresa digna del mayor de los guerreros, pero también un guerrero que juega, un arlequín de las palabras. Y es lo que se respira, lo que se siente, lo que vibra en cada poema de aqua: una vitalidad incesante. Hasta la muerte de Alfonsina Storni se resignifica y pasa a ser una oda al silencio, como una potencia de la vida, como un derecho fundamental, por el que vale la pena morir. Pero Alfonsina no es el único personaje que aparece en el libro, Tales de Mileto, Mark Spitz y Paul Celan aparecen también como sombras necesarias vinculadas al agua y su devenir. Se entrecruzan, aparecen, desaparecen, se actualizan, generan nuevas explosiones de sentido.

La invitación es, desde luego, a la lectura de Aqua, breve, pero emocionante (y palpitante), un acercamiento que va más allá del lenguaje y está aún por construir. Eso sí, es aconsejable que, al entrar en sus páginas, hay que olvidar todo posible preconocimiento sobre el líquido vital y, tan solo por un momento, ser como el niño que se acerca por primera vez al riachuelo, se baña y juega con la corriente,  escucha en silencio al agua, que es el mismo poema, lenguaje líquido, epopeya de un ciclo indemne de ojos que se abren y cierran, en los sueños sumergidos de un gran pez. Lo dice López, al principio de Aqua, “Soy el ojo pardo de un río antipoético que cruza las manos de un niño, la quinta esencia de las aves marinas atrapadas en la saliva infantil. Me sumerjo a mis delirios oceánicos en el sudor de un hombre acuático, como un bípedo que alza su cuerpo en las bisagras de una nube…”

Un poemario se abre y un reloj, en el fondo del acuario, ha empezado su ding dang.

martes, 7 de marzo de 2017

Viaje por la modernidad rara

(Por: Oscar Barrera-México)



Estoy hasta la madre de lo mismo, de ir al mismo lugar todos los días: casa, trabajo, casa. Formula dialéctica de mi encierro libertario. Modernidad absoluta. Ruptura ante lo antiguo, tradicional y obsoleto que necesito. Libertad citadina del deseo. Límite, barrera, para conseguirlo, lograrlo, si quiera pensar en merecerlo. Trabajo, trabajo, trabajo… infinito.

Ella, con quien vivo, está aún más jodida. Su fórmula: casa, casa, casa. Súmale los niños. Su encierro moderno es todavía más cabrón, porque su citadina frustración es exponencial y su producto: un naufragio elevado a la “n” potencia.

Ellos, los pequeños, condenados a la libertad… del mercado. Mercancías. Cosas. Solo fuerza de trabajo, de esa que leía del viejo Marx. No hay nada para nosotros; no hay nada, ni habrá nada para ellos. Futuros obreros, espero que calificados… perdón: competentes; con algún grado universitario, el cual les sirva un poco más que el solo hecho de colgarlo en una sala. Espero que sean jóvenes que defiendan sus cadenas, digo… sus derechos, como aquel que defiende una educación enajenante, técnica, inhumana… perdón de nuevo: (ando muy falto de sentido) humana, muy humana, demasiado humana. Quizá obliguen a ser libres a los demás. Quizá ellos sean los obligados.

La ciudad, lugar en que la vida progresa, ha hecho que me progrese la diabetes, la hipertensión, la sordera, el alcoholismo, mi consumo de drogas, la ansiedad y la depresión. Me he salvado del VIH-Sida, del Sidral, como le llamamos, porque no soporto los callos de mi mano, justiciera ante la negativa erótica de quien lava, plancha, cocina… y siempre se corre el riesgo de asumir que “en época de guerra, cualquier hoyo es trinchera”. De otro progreso no conozco. Sigo igual de madreado, jodido, bruja. La mitad de mi salario se me va en puros pinches pasajes, como la mitad de mi vida en el microbús y el metro.

Creer. Ya no hay en que creer. Dios es para los ricos, quizá por eso lo tienen acaparado a los que sí les hace favores. San Juditas, pues, le pido y le pido, pero no me ha cumplido. Mi Flaca, mi Niña blanca, me ha abandonado. Chance esta celosa, no le he puesto su cigarro, ni su manzana: es que están bien pinches caras.

La ciudad, mía para trabajar en ella. La ciudad, de unos cuantos para gozarla. Seguiré con mi libertad para comer tacos de suadero (ahora de $8 pesos, antes de $5); comprando mi ropa en el tianguis; y juntando para celebrar los 15 años de mi hija con un buen sonido, no La Changa, ni el Cóndor, pero uno que toque rolas chidas; apiñando una lana para el mole, los pomos, porque de lo demás buscaré padrinazgo. Pero ni modo de pedir padrinos para que paguen a los policías por permitirme cerrar la calle donde será el vals.

Los de lana, compran sus ropas… no sé ni dónde. Tampoco me imagino dónde comen, dónde celebran, cuánto les cobran sus putas. No me imagino ni madres de ellos, pero me caen gordos los culeros.

La ciudad, el único lugar de encierro donde me siento libre. El único lugar donde puedo soñar, gratis, no sólo en mi catre, sino en las dos horas y media de trayecto a mi esclavitud moderna.

martes, 17 de enero de 2017

Fronteras invisibles


(Por: Pedro Arturo Estrada)



Aunque tememos el regreso del fuego
no cerramos las puertas a la música.
Para que no crezca
el hedor de la muerte entre muros,
no olvidamos la lluvia.
Comprar la leche y los huevos en la tienda,
no mirar a los ojos cuando pasamos por la esquina.
Sacar al perro en las mañanas bajo un sol desconfiado
cuando todo está en calma aparente.
No podemos dejar que se esconda
el cielo de los sábados sin ver las muchachas
sentadas en la acera.
Descorrer las cortinas,
soltar las manos y caminar un poco
regresando despacio.
—Qué importan los ojos en los ojos.

lunes, 5 de diciembre de 2016

LA ESTATUA DE SOL




(Poema de Jairo Guzmán)


Al lado de Pompeya había
Una jarra de agua

Pasos de piedra
Deseos de quien
Por no saciarse con el agua de sus afanes
Roca es hasta ser polvo

Agua detenida
Tiempo en témpanos
Que al olvido viajan
En océano de gritos

Existen grutas en las palmas de las manos
Del transeúnte
Que en destellos ocres parece una estatua
A punto de partir

Sólo un rayo de sal conecta sus ojos
Con el cielo

Aún tiene labios y lo que fuese sonrisa
Es el hueco que dejara
El choque de una estrella

Sus puños romperían cuerpos como cañas

Tímpanos de piedra
Reproducen ecos de gritos
Antecesores de las estatuas

Un tintineo
Queda rebotando
En el interior de un baúl
Sellado para siempre

Oleaje petrificado la montaña

Su imponente serenidad
Se transmite por las leyendas
Que trae el sol

Una noche encerrada en cripta
Impermeable a las filtraciones
Que recorren la membrana ígnea

Y esa dama de brazaletes de oro
¿En qué cofres dejó sus amoríos?

¿A dónde fueron los reflejos del azul
Y del magenta incendiando sus labios?

Su silencio nos petrifica

También su sangre en riscos de sus venas

La estatua de sol
De su húmero
Hace una flauta







Jairo Guzmán. Medellín, 1961. Ha publicado el libro de poemas Coro de ahorcados (1995),  el opúsculo  (poemas y ensayos breves) Todo paisaje es la elegancia del ojo (1997). El libro de poemas Trashumancia de las tumbas (2015). Edita los blogs de expresión poética: Meridiano 75 (meridiano75.blogspot.com.co), con obras de autores locales, latinoamericanos y universales,  y El ombligo del pez (elombligodelpez.blogspot.com.co)  en el que se han publicado algunas de  sus obras creadas a partir de 1997. Algunos de sus poemas han sido traducidos al portugués, inglés, rumano y sueco. Egresado de Matemáticas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Cofundador en 1991, y coorganizador, del Festival Internacional de Poesía de Medellín y de la Escuela de Poesía de Medellín (fundada desde 1996 en el contexto del Festival ). A cargo del área formativa de la Corporación de Arte y Poesía Prometeo. Miembro del comité editorial de la revista de poesía Prometeo. Director del Proyecto Gulliver (Escritura creativa para niños).