domingo, 20 de diciembre de 2009

Desquiciado


Estoy aquí esperando que se agote toda la pacien­cia de estar solo y escuchando otras soledades inesperadas.

Escucha como lames tus pensamientos distorsionados, creo que la lo­cura empieza por soledades despiadadas que acaban fabricando neuro­nas desorbitadas y carcomidas, como si fueran muebles rústicos y sucios.

Pero eso sólo lo pienso así, no sé si sea la verdad ni me interesa la cali­dad del razonamiento o el grado de desorden mental que contenga.

No comparto la idea de ser un acompañado inútil que estará siempre cumpliendo con un rol social que nadie quiere cumplir sin ser forzado.

Así empieza esta historia que no espero que sea leída por nadie sensato, pues ellos son los que han construido un supuesto mundo de reglas que llevaron a la insensatez y a la imbecilidad disfrazada de buena voluntad.

Tampoco quiero que estas notas desordenadas, sean interpreta­das por los eruditos personajes de escritorios de caoba o de met­al oxidado que creen descifrar hasta los sueños más profun­dos, los temores más lejanos, los ruidos más distorsionados o bellos y, hasta lo que los perros piensan antes de morir atropellados.

Sé que cualquiera que lea esto descifrará mi estado mental y se dará cuenta que evidentemente estoy desquiciado, pero si la locura fuera mala, los momentos más intensos de mi vida no los hubiera pasado de una manera despreocupada y fingiendo la cordura sin problemas.

La locura es brillantez y sueños desarticulados pero famélicos y escudriña­dos de una manera en que los que son cuerdos no lo podrán hacer jamás.

Estaré algún día bien y no caminaré más en las cornisas, ya no más sueños de ave silenciosa e inmóvil, por eso escribo con desorden, pues siempre alguien indica lo que debes hacer y hoy sólo quiero demostrar que no pasa absolutamente nada si escribo lo que en el momento vaya saliendo al paso de mi mente. Los críticos de quién sabe qué, jamás se enteran de ello y entonces me río de todo aquel que escribe, sueña, tra­baja, come, viste, actúa y finalmente muere para que los críticos y la gente sensata hable bien de ellos y pasen con perfecta estupidez a ser los es­túpidos más famosos de la historia… hagámosles pues un monumento.

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