domingo, 20 de diciembre de 2009

XII

Yo que nací entre los hombres, me declaro ajeno a todo lo de ellos, a pesar de mis rasgos físicos, soy un alma en constante caída al precipicio de la desesperación, de la inmensa inmiscuida de los seres humanos, en esa gran masa de seres voluptuosos y fáciles, con una prostituta como razón.
Soy el alma perdida entre ustedes que no me ven, entre ustedes que ocul¬tan todo tras los mantos de las risas y las carcajadas falsas, tras las corti¬nas de la tristeza inmutable del ser. Yo, ese ser, minúscula parte del sol, sol de pensamientos, me declaro en contra de mi amiga: la muerte, pues yo decido mi hora y decido no morir más que de desprecio por sentirme como un ser despavorido por el vació que conlleva existir sin respuesta a un para qué hacerlo.

OH!! Señora muerte,
yo que te reclamo en este momento
ven y hazte presente.

Laberinto del ser, infinito vacío,
porque yo aquí vine,
y como hombre de palabras
siento este gran hastío.

Harto del mundo y su perorata
harto del hombre,
quien a su vez parece más una rata.

De suma impaciencia me creé
ahora me descreo de toda creencia,
para poder asirme a mí mismo
y tirar al lodo esta impotencia.

Tiempo después de estar aquí,
viviendo entre moradores de tiempo,
viendo todo lo que perdí
y todo lo que no encuentro…

Quien me dará la razón,
razón de estar, razón de ser.
porque no hay más que miseria
para entregar a montón…

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