jueves, 25 de noviembre de 2010

martes, 16 de noviembre de 2010

El Angel de Cemento


¡Oh infatigable ciudad!
De castillos de cementos
De absurda soledad
De sueños no cubiertos

Te lo digo a tus grises oídos
Esto no es despedida
Aquí volveré en la noche
A probar tu comida

Asfalto de caídos
Salsa de melancolía
Ruido de insatisfechos
Anhelos de sonrisas

Aun siento el rocío en mi rostro
El rocío perdido en la aurora
Lagrimas de diosa compasiva
Cuando se acerca la triste hora

Soy esclavo de tu bruma
Soy amante de tus tragedias
Soy poseedor de tu luna
Soy participe de tus comedias

Extrañare corceles de ruedas
Extrañare deseos prohibidos
Extrañare noches de fuego
Extrañare crepúsculos redimidos

Y mientras mi corazón palpita
Mi ser decadente anhela
Tus vicios malditos
Tu polvo de acera

Creciendo en mi
La urbe palpita
Mi ser de sueños
Sin ti se marchita

Me fundo en tus sombras
En medio de la multitud
Soy uno más que nombras
Un perro sin virtud

Al final será lo mismo
Pues yo no puedo partir
Pues soy ciudad
Soy hombre sin porvenir

En la lejanía un alma pena
No habrá bienvenida
El hijo prodigo igual se condena
La urbe no se olvida

No espero recompensa
Se que no lo harías
Recibiré un frio beso
Con sabor a sangría

Y a tus brazos volveré
En un oscuro coche
Y en tus puentes dormiré
Bajo el abrigo de la noche

¡Espera ángel de cemento!
Con tus ojos abiertos
¡Espera maldito tormento!
Con tus rostros desiertos


Por: Daniel Acevedo

Nunca más

¡Nunca más!
Sentencia despiadada,
proferida por la caprichosa,
locura mercuriana,
de un demonio o bestia,
emplumada de ónix.


Su plutónica mirada,
atraviesa la frágil,
y dolorida alma,
de un genio fatídico,
que delira por la perdida
de su propia existencia...


Existencia encarnada,
en un ángel de ensueño,
cuyo nombre corre susurrante,
a través de la insondable,
quietud de oscura bruma,
embrujo onírico.


¡Profeta o cosa diabólica!
Proclamas agobiante,
cuando la insania de su escrutinio,
penetra abismalmente,
en tus sueños nunca soñados,
sueños que colapsarían
la frágil alma de un simple mortal


Pero eres tu genio fatídico,
¿un simple mortal?
o la perdida de tu amada Eleonora,
te a sumergió en la profundidad,
de una sombra sin fondo,
proveniente de la rivera,
de la noche plutónica.
transfigurando tu alma,
en la negrura quemante,
de los ojos de aquel demonio soñando,
cuyo brillo refleja tu propia mirada


Y siguió posado en el busto de palas,
en la antesala de la mente,
del genio fatídico,
raptando la poca cordura
que le permitía recordar,
su ángel de ensueño
mientras la negrura,
de la noche plutónica,
robaba su alma.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Al alba

Las fibras de las cobijas

cada una se apropian de mi cuerpo.

Inmóvil

soy una con el colchón

mi forma se imprime profundo

entre los resortes

los plieges se funden más

en mi piel.

Nada responde

-no quiero-.

El nuevo día parece salir

apoyándose en mi.

Mas aun anhelo:

continuar yaciendo.

martes, 9 de noviembre de 2010

Innombrable

El Sueño del General (2008)

Baila con murcielagos...

Baila con murciélagos
Le canta a la lluvia acida,
Su cuerpo convulsiona
Es la eterna sombra que se sale de sus fauces.
Sigue con sus tentativas de muerte
La que susurra en sus labios
La que nos canta en el banquillo de acusados.
Probando sonido,
Paredes rayadas con orgasmos
Gritos que aturden a los cadáveres.
Paginas que limpian la sangre que sale de tu boca cuando cantas
Alabanza a la noche oscura.
Harapos,
Muñeca de porcelana desnuda,
Grito,
Estridencia,
Comunión en el pasillo del hospital psiquiátrico.
Estribillo para este concierto subterráneo
Con delirio maquilla a la muerte
Que ha venido
A bailar con nosotros en esta guerra de ruinas
A robarme un beso en el brutal grito.

(De la serie no Future for me)

Hemisferios

I

Tarde desteñida,

Aun mejor; opaca era ésta.

Alimento de ese insaciable

Y desconocido caminante sin dirección.

Gritaba para sus adentros:

¡¡¡Born again, Born again!!!

Sabor rojo, gris,

Como el metal oxidado,

Como la sangre hirviente.

II

Tormentas estaban cerca,

Mientras salía de otras,

Más recias, mas calmas

Quizás…

III

Regresando a ese lugar

Poco descriptivo;

Sea este hemisferio derecho:

El sentir.

Que momentos cuando esa

Parte esta cerca,

Es como estar, pero sin tocar madera,

Suelo, tierra, o algo mundano

Visto por todo hombre

IV

De nuevo Regresa…

¿Será que solo así me puedo

Hallar extasiado,

Más allá del simple deseo,

Honor o autocomplacencia?

¡¡¡AHH…!!!

Ese yo que no me deja,

Ese que esta en el lado izquierdo,

Siendo el derecho y por lo tanto

El lógico, moral y predecible…

Ahh…!!!

Ese que me ata…

Inconclusión

Tuve un tiempo de receso para escribir, estaba experimentando tantas emociones diferentes a la misma vez que ni me hallaba; pensaba en si escribir de nuevo como tantas veces sobre el amor, pero es que me di cuenta que si tratara de definirlo no acabaría nunca, luego opté por las convicciones y en un algoritmo de mi pasado tratar de darle Suprimir a mis errores. Lo que pasa es que hay tantos caminos por tomar, y sin saber cuál es el "ideal", si arriesgarse con todo... si decir siempre la verdad.
Está claro que quiero, necesito un cambio, y entro luego en el dilema de si me gustan los humanos o no, siendo parte de ellos, dándome tan buenos momentos y otras veces deplorables... no sé si por cobardía o por una cualidad necesite alejarme, llevandole la contraria a que somos seres sociables, pero vale la pena intentarlo, o no?
Tal vez mañana despierte pensando lo contrario a lo que escribo hoy, tal vez no, pero de eso se trata esto, de plasmar pensamientos e ideas, y es que vivo en un mundo que no es el mio! Si me gustan los libros por meterme en otros pensonajes... me lo estoy tomando muy a pecho porque vivo más en la imaginación que en mi realidad misma, vivo más pensando en lo que no tengo, en lo que quisiera, en lo que perdí, en lo que gano, en si hubiera hecho esto o aquello... qué engaño, cuando siempre trato de ser tan sincera con los demás, vivo engañándome a mi misma; eso es algo que detesto de los humanos, que detesto de mi!, como dice Nietzche: Los animales nos ven como animales pero irracionales.

Tomado de: http://pensamientossistematicos.blogspot.com

Saudade

Siento una cosa en el estomago,
...de venida para la universidad estuve tiritando,
puede ser el Ron Jamaica, puede ser no haber desayunado,
puede ser la vuelta del sol.
ayer en clase estuve algunos ratos ido,
fue un día muy gris ese que los gringos llaman Wednesday
venteó bastante, llovió duro más tarde
además mis ropajes no eran apropiados para tanto frío.

No sé que tengo, como dolor de estomago
también pensé que era el guayabo,
tal vez por lo mismo he pensado que es hambre,
a veces frío, ganas de tinto con chocolate, ya van varios.

¡Hartazgo!

Ganas de vomitarme entero,
Ojala un impulso de mí garganta echara la lengua para afuera
deseo que salgan de mí todas las papilas gustativas
saboreando así éste aire isleño con olor a marihuana y café,
que salga también el esófago, estomago
intestinos y todo el mí interior.

Y que en un momento el colon hale de mi trasero
así yo me salgo desde adentro quedando en negativo
y quitándome esta sensación de la garganta,
así podré ser todo lo contrario de lo que he sido, un yo al revés.
De todos modos adentro de cada uno queda,
a mí se me encajó en la garganta
ahí está, desde ahí me habla,
¡Pero vaya uno a entender lo que dice una garganta!

sábado, 9 de octubre de 2010

Sonata a dos voces, responsorial

Un desencuentro es un reflejo infiel,
es decir,
un lobo que en una noche triste espera al sol para aullarle.

Un desencuentro es una situación de dolor jerarquizado,
es decir,
uno muere y otro lo observa.

Un desencuentro es una creación por azar incompleta,
es decir,
una galería llena de lienzos pintados hasta la mitad.

Un desencuentro es un choque de voluntades asimétricas,
es decir,
una obra para dos adaptada a soliloquio.

Un desencuentro es un ser que observa el reverso de otro,
es decir,
que me siento buscando tus ojos mientras miras a otra parte.

martes, 28 de septiembre de 2010

Los que quedan por matar

Queridos compatriotas. Yo, como ustedes, esta semana me siento también orgulloso y altivo, y ferviente amante de mi nación. Hoy estoy más colombiano que nunca, me sé los nombres de los jugadores de la selección, compré pirata un disco de Los gaiteros de San Jacinto y tomé café y aguardiente, en inescrupulosas cantidades. Hasta robé a algún tipo por ahí, embauqué a otro y olvidé toda noción lingüística castiza. Hoy soy el auténtico y enaltecido colombiano, cálido y negligente, porque las penas no existen. ¿Y cómo no serlo? Por fin, luego de 35 años de terror, nuestro ejército glorioso y certero se llevó a ese cerdo hijueputa. (Y me perdonan los cerdos, que son bastante más bonitos de lo que era él, pero no encontré otra palabra). ¡Cómo quedó! ¿Lo vieron? Oh, Olimpo todo, ¿por qué me das tantos placeres? Esa asquerosa cara de machetero ensangrentada, esa barriga profusa y rellena de manteca y de pecado, al viento, más hinchada de lo normal por la llegada de la muerte. ¡Bendita seas, aisthesis griega, lindura colombiana! ¡Bendita belleza que te muestras sin reparo, que no te haces de rogar como mujer coterránea! Yo, como cualquier verdadero patriota, no podré borrar jamás de mi mente esa imagen magna, intrépida, áurea, etérea. Propongo que al estandarte tricolor se le adicione, en el centro, la cara tiesa y fría del Mono Jojoy, en su último estado. Sin embargo, en medio de la efusividad, el poco de conciencia que me queda –esa no es colombiana-, me hace caer en la cuenta de que le dicha no es completa, y aunque nos libramos de uno de los que inspiraron el descubrimiento del elemento plomo, todavía quedan muchos por matar. Se me desmorona el alma y las lágrimas se llevan la tinta amarilla, azul y roja, símbolo tan débil como su representado. Quedan muchos y no seré tan colombiano y mi patria tan radiante hasta no ver caer el último.

He aquí que idealista y soñador, híbrido de cóndor con acordeón y fusil, les traigo el epítome de los que faltan, de los que no merecen respirar un minuto más nuestro glorioso aire de café con dinamita. A las FARC ni las menciono, porque más vivo está el aparato reproductor del cardenal Darío Castrillón. A ver, a ver, ¿a quiénes falta matar? Pues empecemos, a propósito, por el cardenal: viejito tierno y puro, yo verdad quería que quedaras de papa, pero lo siento, tienes cara de anticristo y de travesti: ¡PUM! ¿Quién más? ¿Quién más? Ah, claro, hablando de viejos maricas, ¿qué dirá nuestro Nobel, el amado? Me perdonarán los que lo den por símbolo patrio, pero para mí que de haber sido por él, habría nacido en Cuba. ¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! ¡Infame y antipatriota Aracataca que te parió! ¿Y qué dicen de Samper y de Pastrana? ¿Esos todavía vivirán aquí? Por precaución: ¡PUM! ¡Ladrones castrados!

Esto va para largo, mejor agrupemos los objetivos:

¡Políticos! ¡PUM!

¡"Artistas"! ¡PUM!

¡Protestantes, católicos, agnósticos! ¡PUM!

¡Patriotas de sombrero vueltiao’ y cabeza desocupada! ¡PUM!

¡Qué diablos! Así nunca vamos a acabar.

Ejercito virtuoso, ¿por qué no le pones mejor un poquitico de uranio a esas bombitas?

Colombia, la grande, la sublime, tan santa eres, que quedas mejor toda en el cielo.

Tomado de: http://elnopensante.blogspot.com/

jueves, 9 de septiembre de 2010

Ajá

No se qué pensar o no pensar
Pero si pienso en qué no pensar
Estoy pensándolo ya.
Maldita Introspección
tan cómoda, tan extenuante,
discípula soy.
Pero entonces qué hago o no hago
me retumba en los oídos.
No pensar que no hago,
No hacer lo que no pienso,
No pensar lo que no hago,
No hacer lo que pienso,
Hacer lo que pienso,
Hacer lo que no pienso,
Pienso antes de hacer,
Hago antes de pensar.....
Y vuelo a la realidad.
A las cobijas atadas a mi cuerpo.
A huir hacia lo conocido
ahora desconocido.
Hacer algo por fin
hacia adelante aunque sea de para atrás.
Qué esperar de lo que ya no fue?
Ay jueputa
Elkin dice:
“Lo realmente valioso es lo que se pierde”
Y le comprendo.
Qué más?
En fin.
Y qué?
Así es la vida.

domingo, 29 de agosto de 2010

¿A quién habrán pedido permiso para matarlo?

¿A quién habrán pedido permiso para matarlo?

Siempre sospecho cabezas ocultas en las copas de las calles. Hacen sus nidos con los billetes que arrebatan al sudor.

Apenas veo mequetrefes que se empinan, que no salen de sus nichos, que se amparan en sus armas.

No hay donde descargar mis brazos.

Y el grito no agrieta columnas.

Fija está la felicidad, la que se empeñan en venderme como felicidad, en la cumbre, visible, de los que estiran su cuello con corbatas o cadenas de oro.

Yo seguiré tu guerra, padre. La guerra del azadón y del lápiz contra el artefacto y la maquinaria para hacer muertos.

A mí, de morir en aparente adelanto al llamado ineludible, habrán de asesinarme desarmado y en mi ruta. Moriré en mi ley, en algún lugar de mí mismo refugiado.