miércoles, 6 de enero de 2010

Poesía ordinaria Vol. 1



Ahora que perdí la razón por completo,
Ahora que ocupas mis sueños húmedos,
Te reclamo y te invito a fornicar.

Yo,
Hoy escribo esta argamasa de silabas.

Yo,
Que creí vivir en el exilio del amor.

Yo,
Que llegue a pensar que el amor me odiaba,
O sentía una particular repugnancia hacia mí.

Yo,
La vergüenza del Spa,
De mi familia,
De la sociedad entera,
Del planeta.
De los entrometidos extraterrestres,
De las vacas expectantes de un ordeño mañanero.
De mi padre ebrio,
Apostador y flatulento.
De mi abuela camandulera y camorrera,
Del abuelo juez de esta patria sin sentido,
Como todas las patrias.
De mi abuelo materno siempre tan oportuno, sensato, amable, tangible, vital.
De mi abuela materna, siempre tan tierna y sazonada.
De la tía Myriam que no cotiza pensión.
De la señora de los almuerzos que me confundía con un mister.
Del perro al que le busco el alma en la mirada.
De Lenin, que no logró reclutarme en su parafernalia soviética.
Del hongo que mastiqué y que nunca hizo efecto.
De la mona que me sonríe desde el frasco de shampoo.
Del champú por llamarlo Shampoo.
De la ortografía,
Pues uso Word para corregir mis escritos.
De los colegios que transité,
Ya que me convirtieron en lo que soy,
No en lo que esperaban.
De mis escritos,
Pues ninguno me gusta.
Del demiurgo, que se rasca incesantemente la cabeza,
Angustiado por haberme creado.
De la tenia de tres metros,
Pues no siempre hay para comer.
Del hongo del pie,
Pues nunca le compre una crema para extraditarlo.
De Juan Manuel Santos,
Pues nunca entendí el concepto de seguridad.
Del papa y la papisa,
Porque nunca entendí la diferencia
De Umberto Eco,
De Foucault,
Del rey león y la sirenita.
De las prostitutas que me amamantaron largo tiempo.

Yo.
Que no soy Nada.
Solo se
Que desde mi infinita mediocridad,
Te amo.
Y eso me basta.

Y lo escribo rápidamente,
Pues puede durar eternamente,
O quince minutos.

Tan – tan.

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