sábado, 13 de marzo de 2010

CARTA ABIERTA A LA COMUNIDAD ACADÉMICA FUNLAM

Hace 11 años ingresé como profesor en esta institución. A finales del 2009 fui galardonado como mejor docente en el cumpleaños número 25 de la misma. Tengo mucho que agradecer a las personas que la conforman y que han pasado por sus instalaciones. Ante todo, el respeto que me han brindado y la tolerancia hacia un ser que quizá sea anarquista, díscolo e irresponsable.

Siempre he pensado que todo está para hablarse, para plantearse en el tercer mundo del diálogo. Que aunque hagamos parte de una institución privada donde existen las jerarquías, debemos tener un trato horizontal, debemos tener la capacidad de no imponer nuestras miradas ni nuestros objetivos sin antes conocer lo que se ha venido desarrollando a la lo largo de nuestra vida académica.

No estamos en una empresa, sino en una institución educativa que debe propender, como dice su misión, por el ser humano y su formación a todos los niveles. A veces nos quedamos cortos.

He procurado por la sana convivencia, a pesar de que uno no es confite para todos como decía mi abuela. Me gusta querer a las personas, no necesariamente que me quieran. Aunque un hombre vacío de amor es precisamente un hombre bien dotado para la guerra, para el asesinato, para el suicidio. Se puede convertir en un sociópata como el presidente.

No respeto a los hombres que muestran su condición de amo. Bastaría con poseerla. Es por esto que decidí no venir a la Funlam el viernes 12 de 2010. Mucha parafernalia para un tipo bajito que es esclavo de su propia tiranía. Que con sus trucos de lenguaje maniqueísta nos quiere engañar tanto como se engaña a sí mismo. Decidí, entonces, hacer lo que me vino en gana. Y quizá no se me comprenda, aunque considero esta, una desobediencia legítima.

¿Cómo entrar tranquilo a mi casa cuando la policía me espera para tratarme como un criminal? ¿Cómo un terrorista? ¿Cómo un mata presidentes? Las luchas son con las ideas, no con las personas. ¿No deberíamos acaso asumir el cuerpo del otro sino para el goce? ¿Hasta cuándo necesitaremos la violencia para reconocernos?

Muchas cosas me interesan. Entre lo que me interesa está la justicia, la libertad, el amor. Y quizá he cometido abusos de lenguaje. No me arrepiento. No me siento culpable. No soy cristiano. Sólo soy un hombre. Y los hombres solemos equivocarnos, hace parte de nuestra naturaleza incompleta y finita. Es nuestro proceso. Debemos corregir.

Siempre he creído en los hombres que dirigen su propia vida, sobretodo porque el camino es uno mismo. Hombres con autonomía, con una libertad responsable, con un espíritu crítico e investigativo. En ocasiones lo que falta es lo que sobra. Por eso decidí no ofrecer las clases del viernes pasado, que igual serán repuestas.

Pienso que sería bueno llevarme los estudiantes a un parque o a un museo o a una conferencia en lugar de tenerlos atados en el mismo salón con mis palabras insulsas y desproporcionadas. Necesitan otras miradas, deben ampliar su mundo. Por eso insisto en la lectura, la escritura y la conversación. Metodología esta que he venido desarrollando desde hace 16 años cuando di mi primera clase. Incluso antes, cuando encontré el mundo maravilloso de los libros en la biblioteca de mi tío Álvaro, ya muerto.

Además de esto, practico la hermenéutica como el arte de saber escuchar. Y escucho a mis estudiantes y pienso que muchas veces la teoría no es suficiente, sobre todo si no ha nacido de la práctica. Abstracciones metafísicas que rompen todo vínculo con la realidad, con la vida cotidiana. Es así que reconozco en ellos, bueno está bien, y en ellas, la posibilidad de una voluntad de crear entorpecida por nuestras imposiciones. Espero se me escuche.

Por eso les insisto en que hay que estudiar, mucho, porque es la única manera de no repetir. No me gusta que me repitan los textos. En cambio, que se apropien de ellos, que los dejen ingresar en su lenguaje para que su mundo crezca y no sean sólo sisas parce a lo bien y que tal. Porque como nos lo dijo Wittgenstein: Los límites de nuestro mundo son los límites de nuestro lenguaje.

Ya es hora, están en edad de reconocerse como posibles en la encrucijada de la existencia. Es necesario. Y termino con una última sentencia de mi puño: Para hacer algo conveniente es conveniente hacer algo.

¡Sabiduría y creación para todos!

Víctor Raúl Jaramillo
Doctor en Filosofía
Docente titular FUNLAM

http://nexusuniversalis.blogspot.com

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