jueves, 25 de marzo de 2010

El Tipo Del Sombrero Rojo

Caminaba lentamente, aunque muy apresurado contando al mismo tiempo mis pasos. Quería llegar a aquel lugar y al mismo tiempo no deseaba hacerlo. Solo podía sentir miedo y alegría, emociones contradictorias, toda clase de sentimientos encontrados que implicaban una avenida de una sola vía con vehículos a punto de colapsar. Pero ¿Qué otra actitud podía tenerse?, mi mente se sentía contaminada, congestionada, lo deseaba y al mismo tiempo lo rechazaba, pero sabia que era inevitable. Pronto me encontraría con el, ¿Cómo reconocerlo? ¿Llevaría sombrero? ¿Seria educado? ¿Qué le diría? No sabía nada, nunca lo había sabido, mi vida solo estaba llena de enormes huecos y túneles que se multiplicaban a medida que los recorría sin llegar a ninguna salida. Mientras tanto solo podía seguir recorriendo aquellas solitarias calles, algunos al verme desorientado se paraban y me preguntaban hacia donde me dirigía, yo les decía que ni siquiera yo mismo lo sabía, mencionaba el nombre de aquel a quien buscaba, ellos me miraban con gesto negativo y seguían su camino. ¿Y acaso quien de esos entes oscuros y caminantes podría ayudarme? Todos al final parecían perdidos en medio de la soledad de las calles, se convertían en anuncios, ventanas, locales, elementos más del entorno.

Seguí tranquilamente mirando hacia ambos lados buscando rastros de aquel extraño sujeto, pero solo veía como se levantaban los enigmáticos edificios que parecían llevar a habitaciones vacías, por que ¿Quién habitaría en aquel horrible lugar?, solo un masoquista y un ser que le hubiera perdido amor a la vida. Por que ¿Quién seria capaz de levantarse todos los días y observar por la ventana los mismos tonos grises y amargados, carentes de cualquier sueño o color? Pero extrañamente el habitaba en este lugar, de alguna forma siempre supe que algún día tenia que encontrarme con el pero la calidez, la felicidad y los constantes problemas de mi vida diaria me impedían acordarme de su existencia. Pero ya no podía ignorarlo más, debía encontrarlo, no había más remedio, mi ser me lo pedía o sino la estulticia entraría en feroz estampida, destruyendo todo rastro de cordura. Había llegado al fin a aquella amplia plaza donde algunas palomas de mirada siniestra recogían maíz, en algunas bancas algunos enamorados se besaban apasionadamente siendo conscientes de que tal vez era el ultimo adiós, el amor era un sentimiento humano y ya no podía quedar lugar para el en aquel horrible sitio.

¿Cómo reconocerlo? Si ni siquiera sabia nada de su aspecto, desesperado tocaba a cada persona que pasaba con el dedo buscándolo, pero todos me miraban asustados o en su defecto fingían no haberme escuchado. Estaba desesperado, pues no quería seguir allí ni un minuto más. Me senté en una banca e intente calmarme y fue entonces cuando lo vi, tenia puesto un sombrero rojo que contrastaba con el ambiente opaco y los matices grises y oscuros que se veían en las calles y en la plaza. El sujeto le tiraba maíz a aquellas extrañas palomas, no podía distinguir su cara pues parecía concentrado en la lectura de una especie de periódico. ¿Qué le diría? No quería interrumpirlo, se veía demasiado concentrado en aquel impreso, además seguro aun no se había percatado de mi presencia. Sin embargo me sorprendí, pues el sujeto me hablo y pude distinguir sus crudos labios que me dirigieron las siguientes palabras: “sígame”. La educación no era definitivamente uno de sus fuertes, sin duda su forma lacónica de trasmitir los mensajes se debía a un ansia de universalidad y de aplicación a toda la humanidad, sus palabras tenían que ser comprendidas por todo el mundo, así fuera en otro idioma, he ahí lo difícil y lo concreto de sus vocablos.

El sujeto del sombrero rojo se había parado y había detenido su lectura y se dirigía a una especie de callejón oscuro y estrecho que quedaba al fondo de la plaza, consciente de no poder hacer nada más decidí seguirlo, su caminar era lento y muy cuidadoso, seguía siempre el mismo ritmo como si sus pasos fueran totalmente calculados. Aquel ente era el símbolo de uno de los ordenes mas fuertes del universo, nunca había una falla en su proceder, su actividad superaba a la mas avanzada de las maquinas tecnológicas, no había pues pie al error. Caminamos hasta el fondo del callejón donde había una puerta, el la abrió con una llave y me invito a proseguir con una ligera sonrisa, era el momento que el mas disfrutaba. No pude evitar que una lágrima se derramara por mis mejillas y con paso firme atravesé el portal, la puerta se cerró y la oscuridad me envolvió.

Fueron solo 5 segundos antes de que el apretara el gatillo, Camilo Rodríguez callo al suelo, pues el disparo en su cabeza había sido fulminante. El hombre que apuntaba con el arma grito:

- ¡tráiganme su billetera!

Se la llevaron, el pareció mirarla muy defraudado

- ¡Este hijo de puta solo tenia 5 lucas!- dijo con furia- ¡abramanos antes que caiga la tomba!

El cadáver de Camilo Rodríguez quedo en el asfalto, sus ojos permanecían blancos como mirando la oscuridad.

2 comentarios:

  1. ¡Qué buen cuento! Tiene una temática poco común...
    Siento como si alguien estuviese buscando en sus recuerdos (el caminar por las calles grises), buscando uno en especial, uno al que necesita enfrentarse..., pero al parecer el recuerdo gana XD

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  2. gracias por el comentario.

    No bueno, pues les comento, yo soy Raistlin (Daniel), historiador de la Nacional y me alegro mucho de ingresar a esta comunidad. Espero podamos compartir muchas interesantes lecturas.

    Un saludo a todos,

    Raist

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