jueves, 26 de mayo de 2011

Saudades.

A veces, tengo la saudade de poder arrancar los colores de los ojos de las mujeres. Poder desterrar los gobernantes al país de los minimercados, donde siempre los precios bajos, sean imposibles de adquirir con su propio salario.

Ser la entre pierna de un Estado, donde los niños de diez y quince meses de nacidos, se apuñalen entre sí, como hinchas de barras distintas.

Donde las aves sean el abono para sembrar repollos, que dichos repollos se clasifiquen en tres categorías; oro, plata y bronce, y que el de mejor sabor sea el de sangre-cobre.

Una realidad, en la que no sienta esta leve incomodidad que me hace el más muerto de los muertos. Y que el sueño, solo sea una salida de emergencia directa, hacía el vientre de gestación de cinco madres diferentes, quienes darán a luz a cada una de mis extremidades.

Mirar hacía el cielo, gozar de la luz violeta del sol y poder sentir la inconfundible fragancia de su pánico, mientras es decapitado por la luna.

Tomar los senos de la Reina, hacerme un corbatín con ellos y poder disfrutar de sus pezones cada que mis erecciones lo necesiten.

Una realidad que solo sea un sueño, simple y suave sueño ajeno, prestado y luego hurtado. El sueño más hermoso de los sueños, que sigue vivo con el lagañar de mis mañanas.

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