lunes, 26 de diciembre de 2011

La sociedad de la ficción y las vacas.

El endemoniado grupo de vacas que comen bits, comen Wikipedia. Loras obtusas de la minucia que vomitan lo audiovisual en documentales que “concientizan”. Batracios del individualismo en la iconografía del artificioso maquillaje virtual y de la adulación de escrotos. ¡Mentira! La sociedad de la ficción es el abismo entre la virtuosidad de una foto y el adiposo de los poros abiertos y de los puntitos blancos del desodorante en el sobaco, y las estrías en el culo como ríos de una oratoria: yo soy la foto, el cuerpo es un excremento andante. Y todos aletargando el cloroformo de su final, apaciguándolo con cualquier pachulí de un norte, salen las vacas con lienzos y metáforas, la caterva adoquinada de arte, buchiplumas en el parque alardeando ser artistas… qué salgan en masa los artistas y se diviertan con verdades de Perogrullo, de la conceptualización del relleno sanitario de la India, púdranse y ampútense las manos por dignidad. Me cago como una coprofilosofía en el humanismo hilarante de la modernidad. Mamertos dogmáticos, adalides de la verdad con su contradiscurso tan insulso, y bastardos en la cuantificación de señalar a los enemigos… pero esta caterva de bípedos de involución de la paranoia, señalan su anacronismo de vomito, señalan a Norteamérica, señalan la explotación del estado. Me cago en sus discursos trasnochados de una evidencia tan perceptible para un dragón de Komodo.

Comen como vacas y cagan como la caterva de otra raza de vacas. Maldita modernidad llena de parlanchines en la deidad de la verdad. Cuánto se luchó para que se dijera: La libre opinión. Para que llegaran las vacas y volvieran un mierdero con sus opiniones, por eso la sociedad de la ficción mató y mató a la palabra, la prostituyeron, y la opinión ya es mejor dejarla en el presentismo de un foro, una red social, por lo cual no vale ni mierda. Me cago en las vacas que comen y comen en ese contradiscurso de ser salvadores de la humanidad, postrados en la aleatoriedad de un clic, ¡cuán desamparados están! ¡cuánta necesidad de reconocimiento! El esnobismo de lo políticamente correcto en las redes sociales. La dictadura del YO en la comparación de sentirse mejor persona, evadiendo los temores de convertirse en la puta, en el ridículo e ignorante, y dando el confort de sentirse inteligente señalando en los anglicismos de la mofa. La iconografía como deidad ante la hambrienta necesidad de reconocimiento. La verdad y la sinceridad que se proclama en un inconsciente judeocristiano, es la gran artimaña de la época de la mentira y la ficción.

Granujas del mamertismo y la falta del sentido del humor, el complejo de defender una academia, que si fuese gratis, que si se lo dieran todo, sería igual: idiotas útiles. La academia no es el dios del conocimiento, solo aliena el conocimiento como aliena a los que la defienden, volviéndose vacas en campos de concentración comiendo absoluta mierda. Me cago en la metafísica oriental en medio de saltimbanquis juveniles y productos americanos. Vacas, que fueron elegidos para hablar mierda, ni sus mandíbulas les sirven para rumiar, abstraigan, abstraigan seres que se babosean diciendo: “Que somos una nueva generación que no come cuento”, claro, déjeme reírme vacas alineadas de la critica insulsa, vacas de la masa y vacas de la critica de la masa que son igual de patéticos, por eso vacas llenas de gula: sean las vacas que rumia y no la carnicería de la sociedad de la ficción. Nadie escucha, todos hablan, nadie procesa, por eso la sociedad de la ficción es una completa diarrea.



Felipe lópez

1 comentario:

  1. Vaya, quién lo diría, una especie de Burroughs. Me gustaron algunas líneas, porque también siento que hay una sobre producción de mierda, sí, también siento que hay diarrea. Pero no sé, me parece que el discursito, y no es que pretenda clasificarlo ni oponérmele, parece también una diarrea incoherente.

    Por cierto que lo coherente no es lo opuesto a la diarrea, o a otro cúmulo de ideas diferentes. Hablo de ése tipo de discursos que le llegan a uno, que tiene su aullido, y éste, no sé, es precisamente lo que pretende delinear: ficción de vaca y mierda.

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