viernes, 8 de junio de 2012

Impresiones De Un Verano Moribundo


Eclipsando la luz que se esparce como cristales rotos en el cerebro.
Lejos ya del altar de fuego, es hora de mutar el tiempo y escupir espectros.

Estremezco sustancias, visones extraviadas, me aviso arrojado,
abandonado en una costa inerte, lejos ya de la primera armonía.

Hoy en tu aura muge la saliva ardiente de mil doncellas,
trazos lascivos he indecibles de los vientos, espantosa marca
que muere calladamente con la corona de mayo.

Creamos aposentos, lechos, cuartos de pasión clandestina,
donde se invierten arboles arcanos y cielos tibios, creamos
un continente de diamantes  y  joyas perezosas.

Y en la incertidumbre de lunas espectrales, quisimos volver
livianas las demencias, cualquier señor borraba nuestra alegría,
cualquier caricia entumía el alma y secaba nuestras lagrimas.

Mira con lo que no empequeñece tus sentidos
¿qué hay tras  las vestiduras de las calles y sus gentes?
¿qué hay tras esas formas?

Hidrato lubricante de existencias espesas, donde solo
ebullen montículos de muertos y cerdos coronados
queriendo fornicar con rameras de plástico.

Este brillo prefiere surcar los tres mundos y buscar
entre noches y carreteras el gemir extático de los pueblos,
un deseo que vuelve y mira tu sonrisa , diluida y distante
con la fragancia que dibujó promesas en los labios.

Y brota una pena virgen que se desliza con una burla pétrea
en mis hastíos febriles; pero...

¿qué mundos reclamas?
¿qué corazón lloras?

Hoy dreno de tu ardiente pecho el desengaño, porque ese dolor
trae consigo filtros lumínicos, corrientes etéreas que solo buscan
liberar angustias.

Este fuego ilumina el laberinto, bajo el ardor y la penumbra
prohibida que sacude  lechos pasivos o contornos sedosos, casuales.
Te contaré de las veces que despierto entre sueños, saboreando
alquimias, desmembrando voluptuosidades...

Ciudades donde no se ve el sol, tierras donde jamás
cae la sutil lluvia, aquí solo me sigue el amigo difunto
y una amante monstruosa, hecha de cuerpos, vidas y amores;
compañeros de mundos extravagantes que tocan la locura y el símbolo.


¡Oh  extrañeza! sensación cambiante que me impulsa a decir esto,
trasfondo que me roba a la distancia ignota de la imagen querida,
navegas levemente en algún pasado, en algún sueño...

¡Oh eterno! Fuego adorado, has dejado la marca
de un violento abandono.

¡Oh eterno! Con este ardor que prefiere palpitar en honduras y mares
antes de dar su intensa danza a los riesgos del viento.

¡Oh eterno! Aún callas demasiado...

Llévate mis ojos,  que se pierden siempre arrebatados,
por extrañas noches y extraños hados, estos mis ojos
encendidos, soñadores y moribundos que aniquilan
las formas del verano en un vacío y en un presente.

Hoy ellos se encuentran con tu promesa, engaño inocente
que se mese entre  los  rosales y el sepulcro...

Este que en tus cuerpos y en tus brazos siempre es y
será otro, este que se posa en tu regazo incierto para
arrullarte con cálidos besos nocturnos, para derramarse
en tí como los pálidos ángeles se derraman entre destellos lunares.

Cuando envista el verano moribundo, con  sus ojos y lenguas salvajes
como un sol sangre, terrible, ígneo, que diluye fundiendo, cada lugar, criatura y cosa
que destruye señores y tronos de lánguidas glorias.

Cuando tus lenguas rojizas derritan el ídolo mecánico y la colmena amorfa
tu trayecto mezclara el vidrio con los cuerpos sedosos, el cobre y la plata.
Desnudaras los cielos de empaques acartonados, derretirás las colinas coloreadas de
jardines plásticos, artificial viviente.

Tú y  yo, madre de mil senos, seremos estremecidos por los tiempos voraces
que convulsionan con la gente y los picos modernos...

¡Levántense! desafiantes del matiz voluminoso, asesinos del promontorio gris,
lloren por  el verano  agonizante, rían  por  ese brillo dorado que dejará en sus almas,
navegaremos en el ardor de mundos inquietos y embriagados, esta anatomía postiza
y el seco asfalto ya no serán nuestro veneno.

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