martes, 4 de septiembre de 2012

Diario de un Alcohólico



Despierto a las 2:07am en un sillón, mi boca seca se siente a Vodka, tal vez Vodka del centro de la ciudad, cuyo valor es igual a su contenido de alcohol puro; cuarenta y tres o cuarenta y cinco por ciento se muestra en la etiqueta de la botella, sesenta o setenta por ciento se siente al pasar como un trago ardiente, que te rasca la garganta, como si pasaran miles de vidrios por ella, vidrio ardiendo en llamas como la noche pasada, donde las luces, los gritos, las carcajadas, los licores se mezclaban entre la algarabía, los chascarrillos, el humor negro y el humo profundo.

Decido tomar rumbo incierto, caminar por las calles sin tener recorrido alguno, saberme como ningún otro, pensar los grados del alcohol y que cada uno me dé una nota musical diferente, tener una reacción diferente al mismo acto, hoy, mañana, pasado mañana y dentro de un año más; adorar mil deidades creadas por mi conciencia infinita, infinita como cada acto que he de cometer en días y devenires futuros.

Doy vuelta a la primer esquina y me topo con un grupo de personas que no conozco, decido seguir sin conocerlas, pues el éxtasis producto del alicoramiento me lleva por mi camino; simplemente un ser alado, metafísica pura y etherna, súper-conciencia individual, respuestas que resultan simples, verdad particular, como todas en esencia.

Llego a un parque, me siento en una de las bancas para ver pasar el silencio mientras hablo entre pensamientos, mientras me desligo de todo lo que se ha creado como moral y amoral; decido no militar en ningún bando, tomo mi camino y soy yo, ese alcohólico que deambula las calles, buscando una respuesta más entre ese ser que separa la imaginación, la deidad y lo real; la respuesta a toda moral civilizada. Decido vestirme y mimetizarme con el paisaje, para luego explicar como el consumidor se hace drogadicto a sí mismo, el observador, el alcohólico, el navegante de internet, el fumador, el sexo-mano, la ninfómana, el paranoico, el político, el más corrupto de todos: el hombre como el animal enfermo por excelencia, el vicioso, el ser corrupto por naturaleza.

Saltan las leyes naturales, las verdades individuales, soy alcohólico de pre-nacimiento, ya desde mis antepasados estaba ebrio y feliz de gozar un buen momento acompañado de aguardiente casero, hecho para recrear, para distensionar el cuerpo, la mente y el espíritu; lleno de ritual, de magia, de felicidad infinita desde un remoto paraje geográfico, donde los visitantes eran bien recibidos y ellos bien llegados.

Tomo un trago mas de vodka, en realidad desearía un trago de tequila con limón y sal, tal vez una cerveza o un aguardiente, pero esta noche tocará vodka, ese que no se congela por más frio que esté el alma. Observo de reojo mientras tomo mi trago, hoy no lo quiero compartir más que con migo mismo, hoy no soy un hombre social, un hombre para intercambiar palabras nocturnas y errantes, hoy no soy un político mas de la noche de sábado, aunque no se bien qué día es hoy realmente. No comparto un trago con nadie, pues hoy no merece nadie debatir pensamientos sagrados como los de un buen bebedor. - ¡¡Pongo en alto al alcohólico y hago de abogado del diablo de este en una noche transitoria como esta, pongo en alto al bebedor filosofo, político, romántico y querendón, ese que siente la vida durante cada segundo como si fuera el último momento antes de morir!! -.

El amanecer se asoma espantando los últimos ebrios, unos dan pasos lentos, otros con sus manos en los bolsillos para calentarlas, otros van cantando el himno nacional, la más nefasta de las letras que en mi vida pude escuchar, un patriotismo envuelto en el dolor y la sangre de muchos, miserables unos, héroes otros, próceres unos pocos, importantes unos pocos menos que reconfiguraron el territorio a su conveniencia, a la plebe la llenaron de días de fiesta para que esta no se sublevara y a los esclavos les cambiaron el nombre por técnicos, tecnólogos y mano de obra especializada. Yo me levanto y canto a mil voces “que orgulloso me siento de ser un buen colombiano”.  Me declaro bueno de principio a fin, antes y después de mi nacimiento. – Y ahora como ciudadano del estado mundo me nombro emperador único e irrevocable del estado perteneciente al callejón del infinito -. Luego de mi posesión como emperador decido marchar hacia el lugar más alto de la ciudad para condecorarme ante la deidad naciente en la mañana.

Al llegar a la cumbre, me doy cuenta que no había sido el único emperador de la noche, habían otros ilustres, entre esos uno que tarareaba una canción. Le ofrecí un trago, no tenía nada más que ofrecer; hoy las palabras eran innecesarias, por lo tanto he decidido seguir en mi silencio, con migo mismo a pesar de los visitantes de la cumbre.

El vodka daba sus últimos sorbos de vida; la amargura y la realidad se hacen presentes en tal momento, donde la impaciencia de saber que pronto será el fin de tan grato compañero, me hace pensar de nuevo en la realidad general, la cotidianidad, el hombre referente a una hormiga.

Desciendo antes de terminar con mi querido amigo, haciendo las paces y el duelo digno del momento, hallando una caneca de basura y dando sepelio al difunto, cuya sangre derramada fue poca.

Meto mis manos a los bolsillos en busca de buenas noticias. La única buena  que encuentro es que ha llegado a nuestro país la absenta y a buen precio en el mercado negro. La mala es el alza a todos los productos, entre ellos el aguardiente, la cerveza, el ron, hasta a la chicha le subieron el precio. Ah… que calamidad pensaba yo, mientras la mañana traía tras de sí un pequeño rocío, un sol caluroso y un carajillo entre manos.

Recuerdo que hoy es el cumpleaños de la tierra; año cero, día cero y apocalipsis de boca en boca. Las puertas cerradas, las ventanas aseguradas con tablas y una mancha en forma de X en cada casa. Me pregunto si saldrá Moisés en la esquina siguiente, gritando como un loco (otro mas), que el hijo del emperador morirá esta noche. Sonrío pensando en que no tengo ningún tipo de descendencia, no me preocupa y sigo mi camino.

Adelante me hallé entre una marcha fúnebre, caras pálidas, vestidos negros, cabezas cabizbajas, tristeza en el aíre. Me resultó cómico escuchar dos frases que decían así: “quien en Cristo cree no morirá para siempre”; me producía algo de temor pensar en muertos vivientes por las calles, podridas las carnes, huesudos, compartiendo un trago mas por la vida; Qué ironía. La otra frase que escuché mientras marchaban era: “… dale el descanso eterno”, no se sabe si quieren estar allá, en el mas allá o en el más acá.

Hay momentos para escapar del mundo, donde el mundo es el centro de ese escape; euforias que se escapan entre las mieles del alcohol, entre el aguamiel y los alcoholes refinados de la contemporaneidad. El alcohólico no quiere escaparle al mundo por medio de unos tragos, quiere repensarlo de otra forma, no siempre común, no siempre corriente, pero muchas veces practica para salir con otro tipo de respuestas, inesperadas, o totalmente esperadas. No es despreocuparse, son estilos de vida de acuerdo con el tiempo-espacio en que se encuentra situado el ser, son las diferentes respuestas a las vivencias, y no, no siempre son escapes, a veces son epifanías en medio del alcohol.


1 comentario:

  1. Que buen escrito!!! me gusto mucho. Da cuenta de los delirios existenciales propios de una buena tusa o borrachera. Todos los hemos tenido. Mira esto: http://www.youtube.com/watch?v=pEPFtNPIBfs

    Me encanto esta parte: Adelante me hallé entre una marcha fúnebre, caras pálidas, vestidos negros, cabezas cabizbajas, tristeza en el aíre. Me resultó cómico escuchar dos frases que decían así: “quien en Cristo cree no morirá para siempre”; me producía algo de temor pensar en muertos vivientes por las calles, podridas las carnes, huesudos, compartiendo un trago mas por la vida; Qué ironía. La otra frase que escuché mientras marchaban era: “… dale el descanso eterno”, no se sabe si quieren estar allá, en el mas allá o en el más acá."

    Buen escrito! para seguir reflexionando y desde luego cuestionando desde nuestra posicion de divagantes ebrios al poder y sus fuerzas aniquiladoras del sujeto y su libertad.

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