jueves, 6 de septiembre de 2012

Exilio



Soy las cenizas que quedan,
el ruiseñor que no vuela ya,
el niño que se rebela,
Loco\ anhelante\Sempiterno;
adepto del deseo insustancial.

Nací en la ciudad de la Palma Araca,
bajo el auspicio de una estrella fugaz,
creí en la aurora, el delirio y el desvelo,
forje mil letras, cinco planetas y solo un poco
de poesía crepuscular.

Las montañas fueron verdes murallas,
me rodearon como matrona invernal,
Sus hijos me persiguieron con furia,
me exiliaron...
por no llevar el verde, la sonrisa y la hilaridad.

Alegría que me pareció postiza, falsa y vacía,
no la risa de verdad;
Esa que se construye inmanentemente
con sueños, magia, embriaguez y libertad.

Me adentre en el peligroso bosque que se abre al entrar a un libro,
pretendí explorar sus rutas, sus juegos, su rumbo zigzagueante,
el azar...
me perdí, lo acepto;
no tenía oportunidad.

Quería vivir de la pagina 32 a la 87,
quería perseguir ese desvanecimiento del sujeto,
su fuga y su soledad...
donde fuego, tierra, agua y viento,
se convierten en multiplicidad.

Y así, fue como luego,
de haber probado el sabor de la hierba,
de polvo de libro y del verde amor,
que nace en la montaña.

Me repliego en la urbe gris,
donde los recuerdos se esfuman,
donde cada silencio suena,
a olvidos, ruinas y dolores...
...a palabras sin decir.

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