martes, 17 de diciembre de 2013

Documental: Conquistando fronteras


"Conquistando Fronteras" es un documental realizado por el documentalista Mexicano Paco Suárez, quien viajó a Colombia para presenciar en cámara viva la mítica ciudad de la violencia, Medellín, logrando capturar los complejos procesos socio-culturales de las comunas, visibilizando la desgarradora ruptura del tejido social que enfrenta la ciudad por las llamadas "fronteras invisibles", y entre éstas, los esfuerzos de un arte que se erige como elemento contundente de resistencia, utilizando la poesia, el canto como armas punzantes, y la literatura, el teatro como drogas, abriendo calles de luz y esperanza, juntando los sueños de quienes aún quieren soñar para que las calles no sigan siendo cementerios, porque si "el Mundo es así... en nuestras manos está hacerlo algo mejor". 



¡Viaje a Medellín!
Costo: Un té, café, tizana o frappe
Fecha: Jueves 19 de diciembre
Hora: 18:00
Sala: La Magdalena Libros Café Galería


jueves, 28 de noviembre de 2013

Lo Eterno Femenino


(Foto enviada por el fotógrafo Oscar Zamora)

Ahora que se acerca la sexta edición de la revista innombrable que versa sobre “Lo eterno femenino” considero que es más que pertinente hacer una pequeña reflexión respecto a lo que ha significado para mí lo “femenino”, lo “otro”, aquello que es “ella” y no “él”. Aclaro desde ya que pienso a la mujer no como un objeto, sino como un sujeto autónomo con sus propios deseos, miedos, sueños y frustraciones. Aclaro también que no he creído nunca en las dualidades ni en los códigos binarios (masculino-femenino, bien-mal, orden-caos) que nos han intentado imponer para encasillarnos, clasificarnos y crear una taxonomía que nos decodifique y nos controla lentamente, nuestra propia pluralidad. De alguna forma todo hombre tiene algo de femenino y toda mujer algo de masculino, que no obedece a porcentajes o a clasificaciones, sino al propio transcurso histórico del sujeto sumergido en su entorno social y cultural. La sexualidad no se remite simplemente a la diferencia entre una “verga” y una “cuca”, va más allá y tiene que ver con nuestra apropiación del cuerpo, la forma en que se expande y se contrae cada centímetro de nuestra piel, cada pensamiento que anhelamos forjar.


Cuando escribí “La invisibilidad de Muriel” tuve la difícil experiencia de enfrentarme con la fuerza desbordante de lo eterno femenino. Escribir este cuento implicó un devenir femenino que se apoderó de mí y me hizo perder parte de esa subjetividad masculina que está tan fuertemente arraigada en muchos de los hombres. Ello me llevó a entrar en un laberinto de enormes proporciones. En este camino me guié a través de voces, de textos y sensaciones corporales que me permitieron quitar algunos arbustos y abismos que me imposibilitaban avanzar. Agradezco tener maravillosas amigas de las que he obtenido valiosas enseñanzas: Una que tiene ojos mariposados y vuela a través de bosques discursivos y fragmentos de colores, una que viaja en una pequeña cabina del tiempo de Londres a Buenos Aires, otra que es una luchadora solitaria que busca un país mejor, en medio de hombres de corbata e hipocresía general. También he tenido amores de los que he aprendido también, no puedo dejar de reconocerlo –de los cuales no hablaré para no profundizar ya mucho en mi propia subjetividad-. En el fondo la conversación, el dialogo ha sido la principal herramienta de aprendizaje, más para alguien que se esconde tras una pared o muro de cangrejo, de frío, aunque deficiente metal.


Pero volviendo al cuento, con él quería hacer más que una apología al arte o a los placeres dionisíacos de la invisibilidad, lo que quería era adentrarme directamente en lo femenino, literalmente ser mujer. Al igual que Oliverio Girondo he pensado que aquel hombre que nunca ha sido mujer, que nunca ha dejado salir un poco de su parte propiamente “femenina” es un ser incompleto (como pensó alguna vez Aristofanes en el banquete) y en un artista es signo de mediocridad y de poco entendimiento del mundo y sus misterios. Aunque es verdad que un cuento es abierto y está disponible a todo tipo de recorridos y trayectos, parte de lo que quería era que todos reviviéramos un poco de ese “femenino” que habita en nosotros. Que una pequeña Muriel bailara desnuda en el centro de nuestra mente, burlándose de algunos de nuestros propios prejuicios “racionales” y nuestra perdida percepción de nuestro cuerpo, que se multiplica en el espejo que Muriel rompe en pedazos cuando lanza una botella al cristal.


Ahora bien, algunos me pedirán que defina lo femenino, que dé cuenta del conocimiento que tuve a través de esta experiencia, que dé mi opinión de lo que es una mujer. Inevitablemente me reiré. Tal conocimiento no existe. Yo sólo inicié un trayecto y me deje llevar, sin pensarlo, sin racionalizarlo, sin teorizar acerca de lo que sentía. Si lo hubiera racionalizado no hubiera funcionado. Utilizaría de nuevo esas terribles categorías para clasificar, conceptualizar y organizar. Pienso que no se puede sacar un significado “denotativo” de lo femenino. No hay definición de diccionario, no hay un significante absoluto que se acerque remotamente a definirla. Parte del encanto, la atracción y la seducción tiene que ver precisamente con este misterio de la otredad que cada día puede traernos nuevas sensaciones y aleteos. No obstante me atreveré a decir, quizás arriesgadamente, que no podría vivir sin la poesía, la magia, la belleza, la ternura, lo fortuito, los deseos y los sueños que me inspiran muchas de ustedes, queridas mujeres. Sólo ha bastado una sonrisa de una de ustedes para inspirar la creación de un poema, un cuento o una canción. Sus ojos, sus besos, sus palabras han vivido en mi mente, divagando, explotando y también convirtiéndose algunas veces en terribles cadenas de melancolía o dolor. Su cuerpo ha sido para mi visión de dicha, portal de sensaciones, exploración de montañas y acantilados, locomotora de deseo, auge y caída de mi subjetividad.


A veces no entiendo por qué algunas mujeres se avergüenzan de su cuerpo, como ciertas pseudo feministas que leí sorprendido la otra vez en face arguyendo una constante “cosificación” porque se exhibían fotografías eróticas de atractivas mujeres leyendo libros. Como si el cuerpo no fuera objeto de grandes obras de arte, de grandes historias, de placeres y sueños embriagadores. Como si el cuerpo no fuera parte de ustedes mismas sino una creación de la masculinidad, ¿o acaso son como Muriel que se miran al espejo y ven un monstruo, un ser arácnido o crepuscular? Si me preguntan qué opino del feminismo radical o del machismo, diré que el asunto de los “ismos” no me va mucho, porque me cierra a una sola percepción de la realidad. Diré sólo que creo en la igualdad, la conversación y el dialogo. En el respeto y la igualdad de derechos para ambos sexos. Creo en la libertad de explorar con nuestros cuerpos sin temor de prejuiciosos anticuados o el qué dirán. Aborrezco a un hombre que le pega a una mujer, porque además del daño ocasionado es un hombre que ha optado por la salida del cobarde. Sin embargo, hoy por hoy, ustedes tienen más poder del que se imaginan, luchen (luchemos, ¿porque no?) por el cambio que haga falta, pero por cambios necesarios de mentalidad y no arrogancias ni prepotencias que busquen abolir el encanto de lo femenino, de ese ser único y especial que ustedes mismas han construido.


El arte vive y se alimenta de lo femenino, se sumerge en ello, se alimenta de ello, se embriaga de ello. Sin lo femenino el arte no sería arte y una humanidad necesitada de lo plural, de la diferencia, colapsaría inevitablemente. Mujeres que danzan, mujeres que cantan. Mujeres que leen, mujeres que dirigen. Mujeres que escapan, mujeres sin prisa. Mujeres que vuelan, mujeres que les gusta la tierra. Mujeres calladas, mujeres parlantes. Mujeres vestidas, mujeres desnudas. Mujeres que besan, mujeres que hacen el amor. Mujeres caminantes, mujeres sin rumbo. Mujeres que pintan cada nuevo día con su presencia, con su voz.  Mujeres que son inmortales en un cuadro, en un libro o una canción. Mujeres que a su vez inmortalizan sus experiencias estéticas pintando, escribiendo, cantando su delirio, su pasión. Mujeres que son torrente que desborda, que son barco y naufragio, que son cultivadoras del acontecer. Ser mujer, no ser mujer, parir mujer, nacer mujer, morir mujer. Y quizás al final, el misterio de un rostro, que aún no consigo del todo develar…

martes, 19 de noviembre de 2013

Bases Convocatoria 6ta Edición: Eterno Femenino "Cuerpo y Erotismo"


La REVISTA INNOMBRABLE los invita a participar en la convocatoria de la Sexta Edición con el Tema: Eterno Femenino "Cuerpo y Erotismo" que estará abierta durante el periodo: 20 de Noviembre – 28 de Febrero (2014)

Los interesados pueden enviar:

Imágenes
Fotos, Pinturas e ilustraciones.
(En buena calidad y con relación al tema propuesto por la revista)

Textos

· Poemas: un máximo de tres poemas cortos (hasta tres páginas)

· Cuentos, Ensayos y Textos Dramatúrgicos: Un texto (hasta ocho páginas)

(Los textos que excedan el número de páginas propuestas se considerará en relación al tema propuesto por la revista)

Enviarlos en Word - Arial 12

Revisar muy bien ortografía y puntuación antes de enviar los textos, pues con cacografía no saldrán sus escritos.

Pueden mandar sus propuestas al correo: lo-innombrable@hotmail.com con el asunto: 6 Edición

viernes, 15 de noviembre de 2013

1er Congreso Mundial de Poetas Muertos


1er Congreso Mundial de Poetas Muertos

Malcolm Lowry
Porfirio Barba Jacob
Enrique Lihn
Rubén Bonifaz Nuño
Xavier Villaurrutia
Reinaldo Arenas
Sor Juana Inés de la Cruz
Allen Ginsberg
Cuauhtémoc Méndez Estrada
Eros Alesi
Gamaliel Churata
Leyla Quintana
...y otros más...

Fecha: 27 de Noviembre
Hora: 7:00 P.M.
Lugar: Allende Red Coffee & Beer Room (Allende casi esq. Donceles. Centro Histórico México D.F. A dos calles del Metro Allende)

sábado, 9 de noviembre de 2013

Enseñar las Vergüenzas

Fotografía de "Ziegfeld Follies"

Me enseñaron la vergüenza.

Me enseñaron a avergonzarme de mi cuerpo, de mis actos, de mis pensamientos.

Me enseñaron que lo que pienso es absurdo, que lo que hago es ridículo, que lo que deseo es sucio.

Y aprendí a no decir lo que pensaba, por vergüenza de que alguien a mi alrededor pensara algo mejor.

Y aprendí a no hacer lo que me apetecía, por vergüenza de que alguien a mi alrededor creyera que era inoportuno.

Y aprendí a no perseguir lo que deseaba, por vergüenza de que alguien a mi alrededor opinara que era inapropiado.

No contenta con someterme a la mirada externa, me plegué también a la vergüenza ajena.

Y aprendí a preguntarle a la vergüenza cómo vestirme, no vaya a ser que alguien pensara que voy buscando gustar, destacar. Y aprendí a escuchar a la vergüenza al desnudarme, no vaya a ser que me sintiera cómoda en mi cuerpo, y me acostumbrara a enseñar (me) sin miedo. Y aprendí a consultar con la vergüenza antes de abrir la boca, no vaya a ser que dijera sin filtro lo que me pasa por la cabeza, y se enterara la gente.

Y dejé de bailar, de reír a carcajadas, de rascarme el culo, de preguntar lo que no entiendo, de opinar lo que pienso, de compartir lo que siento, de pedir ayuda, de ponerme faldas, de ir a la playa, de comer o llorar en la calle, de ir sin brasier, de pintarme, de salir sin pintarme, de salir a la calle despeinada, de usar esa ropa que dicen que no me pega nada, de llamar a quien echo de menos, de tomar la iniciativa, de decir que no, de decir que sí, de quejarme, de vanagloriarme, de estar orgullosa, de admitir que estoy asustada.

Y, a base de sentirme cada día más avergonzada, entendí que mi vergüenza nunca iba a sentirse saciada. Que toda la vida iba a imponerse entre yo y mi representante impostada. Así que busqué a mi sinvergüenza interna. Y le costó salir un poco, le daba vergüenza. Pero acabó sacándome a bailar, haciéndome dúo al cantar, saliendo conmigo a la calle con la cara sin lavar, animándome a hablar, a ignorar las cosas que me deberían avergonzar...

Y ahora no tengo tiempo para sentir vergüenza. Estoy ocupada viviendo.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Aria del Chícharo


Chicharitos malformados, sugerentes, directivos;
cereales inactivos, indecentes trastornados;

chicharitos calcinados, imprudentes, despreciables:
trasteantes e inclementes; Chicharitos primordiales.

Chicharitos vehementes, taciturnos diferentes;
chicharitos indecentes aplastados por las calles.

Chicharitos sensoriales, devorados por los peces…
Chicharitos como nueces, cascarudos rompen dientes.

Quemados por inclemencias, Chicharitos bien tostados;
por los rincones del mundo, Chicharitos apestados.

Chicharitos oprimidos, por cochambre sepultados;
chicharitos indolentes, viven vidas sin resabios.

En las cloacas y retretes de los campus cultivados:
chicharitos sensitivos por las fiebres infectados.

En los valles de las mieses Chicharitos acampando,
en la mañana siguiente despiertan decapitados.

Chicharitos bien podridos, socarrones, desmembrados:
motosierras bien filosas los escurren endiablados.

lunes, 14 de octubre de 2013

Las letras y la ginefobia

Foto por: Francisco Enríquez Muñoz


“La mentira, el relato de las cosas bellas y falsas,
es la finalidad misma del arte”
  
Oscar Wilde



Introito.

La literatura no copia los abusos y monstruosidades de la vida igual a como hacen los reporteros de periódicos sensacionalistas. La buena literatura discurre sobre hechos humanos, es verdad, pero sobre lo repetidamente acaecido que ella recrea, levanta una nueva arquitectura narrativa, con un enfoque revelador, con estilo e imaginación propios, con el destello de interiores verdades estéticas. La literatura y las artes son mentiras bellamente contadas, afirmaba Oscar Wilde, queriendo ratificar que ellas no imitan la vida, sino al contrario, se hacen tan atractivas en su bella falsedad que conllevan a la vida  a querer imitarlas (1). Este es el caso de las novelas 2666 (2) de Roberto Bolaño y Millenium (3) de Stieg Larsson, con situaciones y personajes que no han existido jamás y que sin embargo son más reales que los de carne y hueso.  

Tanto Bolaño como Larsson abordan asuntos humanos demasiado humanos, destacándose entre ellos los ataques contra las mujeres en Ciudad Juárez (México) y en Suecia. Sus creaciones configuran una estética de la violencia de género que emana, no la verdad simple, sino la belleza compleja –lo feo entre lo armónico-, compuesta de verdades en términos de belleza que indagan en la naturaleza humana los tensos resortes que pueden desatar extrañas conductas.    

La sacrofobia y la ginefobia son, entre otros miedos, el tema de conversación entre el investigador judicial Juan de Dios Martínez y la directora del manicomio de Santa Teresa (Estado de Sonora – México), la psiquiatra Elvira Campos, en uno de los pasajes de la novela 2666. Mientras el judicial se devana los sesos tratando de hallar a un hombre que profana los templos (sacrofobia), la psiquiatra insiste en que la ginefobia es un mal mayor que está extendido en México, aunque disfrazado con los ropajes más diversos. Más que miedo, la ginefobia es la aversión obsesiva hacia las mujeres, otra de las fobias que están creciendo silenciosamente en el corral globalizado, agazapada en eufemismos, invisibilizada por el espectáculo en que devino la cultura y por la supremacía de temas políticos y económicos que dominan el espectro mediático. Stieg Larsson, periodista y escritor sueco, abre su primera novela de la trilogía Millennium, Los hombres que no amaban a las mujeres, con el siguiente epígrafe: “El 18% de las mujeres de Suecia han sido amenazadas en alguna ocasión por un hombre”. Pero, es en la segunda novela, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, donde Larsson desnuda en una punzante prosa de suspenso el denigrante comercio sexual entre Europa del Este y los países bálticos, y la persecución delirante por parte de varios hombres, incluido su padre y hermano, que padece el singular personaje de Lisbeth Salander.

¿Cuáles son las motivaciones que llevan a un par de escritores de distantes continentes a escribir sobre la ginefobia, valiéndose del periodismo investigativo, una propuesta estética, y la ficción? Para Bolaño es crucial dar cuenta, una tras otra, con fechas, descripciones detalladas del sitio en que fueron hallados los cuerpos, cómo fueron violentadas, cómo estaban vestidas, qué originó finalmente el deceso de todas las mujeres asesinadas entre 1993 y 1997 en Santa Teresa (transposición de Ciudad Juárez). Pareciera que el escritor chileno quisiera restaurar la inocente humanidad de cada una de esas mujeres salvajemente asesinadas, para al menos resistir al rápido olvido esa tropelía, negarse a la indiferencia humana, ofrendar un homenaje a cada víctima. Larsson va más al frente; no sólo desvela los aberrantes estigmas, usos, controles, torturas y vejámenes que sufren las féminas, sino que crea un personaje, Lisbeth Salander, quien detesta a los hombres que odian a las mujeres y asume la justicia por su propia mano. Como si el sueco sintiera en carne propia el dolor de aquellas que han sido ultrajadas, y sublimara en la vengativa y dura Salander la rabia acumulada y la indignación contenida.

Tanto Bolaño como Larsson están cruzados por la clásica novela policíaca. El chileno hace gala de una prosa poética, con un despliegue de detalles que imprimen fresca vitalidad a los ambientes y personajes, con sensible vuelo imaginativo en el que reconoce hasta los seres no humanos que impregnan el entorno narrativo. El sueco esgrime una prosa dura, afilada, explosiva, con frases entrecortadas, con profusa ficción, desenlaces sorprendentes, personajes con fuerte carácter, de reacciones imprevistas.

México y Suecia son los escenarios donde se desarrollan los principales acontecimientos de las novelas. El primero con una sociedad dominada por la religión y la lucha por la subsistencia; el otro, donde hay una libertad sexual ilimitada y se distingue con uno de los mejores estándares de vida en el mundo. En Santa Teresa, violan, cada día, a más de diez mujeres, muchas de estas violaciones terminan en asesinato. Suecia es, proporcionalmente, uno de los países que más putas compran, per cápita, de Rusia o de los países bálticos. Chicas entre los 15 y 20 años, procedentes de la miseria social de los países del Este, son atraídas a Suecia para trabajar, o sea, entregar su cuerpo para que las violen sistemáticamente. No hay otra actividad delictiva donde la aceptación social sea tan grande y donde la sociedad haga tan poco para acabar con ella…

“A todo el mundo le gustan las putas: fiscales, jueces, maderos, y algún que otro miembro del parlamento. Nadie escarbaría demasiado para atajar la actividad” (4).
Bolaño y Larsson no intentan explicar desde la sociología, ni la psicología, ni la antropología, los determinantes profundos de los sucesos. Esa no es la tarea de la literatura. Describen y recrean en una estética particular lo que investigaron, ficcionan y empoderan. A través de un surtido diversificado de personajes, ofrecen miradas múltiples a los hechos; pero es evidente que no sólo se preocuparon por construir un proyecto estético. No hay proyecto estético de envergadura que no sea soportado en un proyecto ético. Las grandes obras de la literatura universal han sido la explosión de elaborados sentimientos y percepciones que han tallado la vida interior de sus autores. James Joyce no hubiera escrito Ulises sino hubiera sido vapuleado en su niñez por la religión; Robert Musil no hubiera escrito El hombre sin atributos sino hubiera visualizado en su adolescencia lo que auguraba el “prometedor”  mundo industrial burgués que se iba devorando lo que quedaba de la aristocrática cultura del viejo régimen; Fedor Dostoievsky no hubiera escrito la parricida novela Los hermanos Karamazov si no hubiera tenido el padre que tuvo; Franz Kafka no hubiera escrito El proceso sino hubiera vivido en carne propia la fragilidad y el desvalimiento del hombre frente a la omnipotente máquina burocrática.


Vidas paralelas.

Oriundos de distantes puntos geográficos, sorprenden algunas sincronicidades entre los dos escritores. Contemporáneos que nacieron con un año de diferencia; ambos fallecieron a los 50 años, grandes lectores, noctámbulos, escribieron frenéticamente al final de sus vidas, no vieron publicados sus trabajos más elaborados, profesaron un profundo respeto hacia el periodismo investigativo, se interesaron durante su juventud por procesos democráticos en distintos lugares del planeta. Pero, el hecho más significativo que distingue las vidas paralelas de estos creadores es una situación particular que vivenciaron con mujeres, tal vez esté aquí el germen de un proyecto ético y estético que abarcaría sus vidas. Ocurrió durante sus adolescencias; en el caso de Bolaño, consistió en la desaparición de sus amigas, las hermanas Garmendia, en los días posteriores al derrocamiento del presidente Salvador Allende en Chile. Este episodio quedó registrado en la novela Estrella distante (5) cuando narró la traición que Alberto Ruiz-Tagle o Carlos Wieder –miembro del taller de poesía de Juan Stein en Concepción, junto con el mismo Bolaño y las Garmendia-, hace a éstas, quienes se esconden de la dictadura.

Cuando Stieg Larsson tenía 14 años, vio como sus amigos violaban una niña en un camping. No hizo absolutamente nada para impedirlo; entonces, buscó a la niña para brindarle excusas, pero ella lo rechazó (6). Esta experiencia lo conduciría a una actitud antiginefobica, notoriamente visible cuando en un intercambio de cartas con su editora, Larsson es intransigente con el cambio del título de su primera novela en la que se sostuvo debía ser Los hombres que odian a las mujeres, Man som hatar kvinnor –en sueco-. Fue después de su prematuro fallecimiento que los editores españoles decidieron cambiarlo por Los hombres que no amaban a las mujeres. ¿Qué diría Larsson si supiera que en Estados Unidos hicieron una versión cinematográfica de esta novela con el título La chica del dragón tatuado? Aquí se soslaya totalmente el sentido profundo del texto literario al destacar un aspecto formal.


2666
Un oasis de horror en un desierto de aburrimiento (7).

Un escritor prestigioso, del que muchos hablan pero nadie ha visto, es el centro de admiración de 4 profesores de literatura. Estos leen todas las novelas del escritor, escriben ensayos sobre ellas, asisten a congresos para dar conferencias. Anhelan conocer al nominado al premio Nobel, Beno Von Archimboldo, quieren conversar con él, lo buscan en los sitios donde dicen lo han visto, pero todos los intentos son infructuosos. El reputado Archimboldo, no se deja ver en ningún evento público, envía representantes a las editoriales, no hace lanzamiento de sus libros, no da ruedas de prensa, no pasa a ningún teléfono, no dicta cátedra, esconde su identidad en un seudónimo que nada tiene que ver con su origen alemán, a excepción del von, definitivamente muy germano.

La última opción para hallarlo es la ciudad de Santa Teresa. Hacia ese lugar se dirigen tres de los profesores, el francés Jean-Claude Pelletier, el español Manuel Espinoza y la inglesa Liz Norton. No pudo viajar el italiano Piero Morini. Esta ciudad, donde asesinan mujeres que botan en cualquier vertedero, es punto de llegada de  todos los que tienen velas en la vida interna de la novela. Sus habitantes afirman haber visto al escritor, pero Archimboldo es apenas un antifaz, al final de la novela se descubre que Hanz Reiter, un veterano del ejército nazi, es el hombre amado y buscado. Ni siquiera su única hermana, Lotte, sabe que él es el famoso escritor. Un hijo de Lotte es encarcelado en Santa Teresa acusado de asesinar a una de las tantas víctimas de delitos sexuales, entonces, por solidaridad con su hermana y sobrino, archimboldo viaja hacia México, cuando todos los que lo buscaban allí hace rato han regresado a sus países.

Novela anti policíaca porque no se descubren los asesinos en serie, excepto unos cuantos uxoricidas. El paisaje cotidiano de víctimas que aparecen como otro arbusto más, se erige en un altar del horror al que concurre la curiosidad mórbida de la sociedad. Cadáveres de mujeres abandonadas en cualquier basurero, en el desierto, en los cerros, en las carreteras, en los baldíos, detrás de los depósitos industriales,  en las calles, en los potreros, en edificios en construcción, en los arroyos, en sus propias casas, en las canchas de fútbol. A pesar de la recopilación de elementos probatorios, investigaciones, interrogatorios, fotos, expedientes, los crímenes quedaban en la impunidad. Bajo el polvo del desierto de Santa Teresa reposaban los cuerpos que representaban el erotismo, pero también la muerte, la atracción y la fatalidad, la inocencia y la perversión, el placer y la aniquilación, la fiesta y el luto. El cuerpo de mujer como otro campo de batalla del imaginario del hombre, carne y piel desgarrados por Eros y Tánatos, por el deseo y la destrucción. Hombres que llegan al cuerpo de la mujer no para compartir sino para dominar.

 Mujeres desde los 11 hasta los 50 años, estudiantes, obreras de las maquiladoras, camareras, empleadas, amas de casa, prostitutas, meseras. Faltan autopsias, desaparecen los exámenes balísticos, la indiferencia de los círculos sociales es pasmosa. Nadie escribe una crónica que profundice en los hechos. Tuvo mayor eco en la prensa local un ataque a las imágenes de las iglesias, que las mujeres asesinadas durante meses. Los periodistas caen en lugares comunes, al relacionar las muertes de mujeres con actividades del narcotráfico. Un cura que lee teología de la liberación informa mejor que la policía sobre lo que sucede en la frontera con México. La academia está atendiendo a los profesores de literatura que visitan la ciudad, y éstos están hechizados por un espectro que creen ver corporeizado en algún gigante santateresano. El aburrimiento los acecha. Ni siquiera en el DF se dan por enterados. Las autoridades pretenden disimular su impotencia al difamar a las víctimas, pues ellas se lo buscaron, “medio puta, decían los policías” (8). La tragedia cotidiana es objeto de banalización en los medios policiales y, posteriormente, en los periodísticos; los judiciales hacen chistes: “las mujeres son como las leyes, fueron hechas para ser violadas”.

La mayoría de las víctimas fueron estranguladas, violadas anal y vaginalmente. A una de ellas le encontraron restos de semen en la garganta, “lo que contribuyó a que se hablara en los círculos policiales de una violación `por los tres conductos´” (9). El marqués de Sade parece emerger de aquellos conductos para advertir que el vicio y la destrucción doblegan la naturaleza de aquellos hombres que fundan en el placer físico egoísta y en la dominación, sus impulsos eróticos. ¿Qué resorte recóndito lleva a un hombre a asesinar a una mujer después de que ésta le ha ofrecido el más anhelado placer? No dejar evidencias de su brutal coerción, deshacerse de la única voz que lo puede acusar, parecieran ser las respuestas. Si tanto el bien como el mal son cosas rutinarias, si es verdad que todos somos insignes malvados, si todos los días mueren personas, es evidente también que en estos crímenes sexuales hay un plan racional que va desde el rapto, la violación y el asesinato, que los convierte en las peores demostraciones de horror. La humillación y sufrimiento de las mujeres es indecible porque desde que son raptadas saben a conciencia lo que les espera. Son horas del terror más despiadado, saben que no saldrán con vida, la impotencia es absoluta contra la fuerza masculina.

Existe ginefobia porque prevalecen rezagos de estigmatización a la mujer por ser ella misma, por empoderarse, por decidir qué hacer con su cuerpo. Por ser bruja instintiva, porque es discriminada desde doctrinas religiosas por aprensiones morales, porque no se acepta la alteridad. Pareciera que la humanidad necesitara de rebrotes, de fuertes dosis de animalidad, de inocencia salvaje, de horror y de sadismo para confirmar que la vida sigue siendo la primigenia vida con sus impulsos eróticos y tanáticos. No existe el hombre sin sombra. Y la cultura, a través de las instituciones ha querido acallar el instinto con una incomprensión insana que produce su resurgimiento enloquecido. En lugar de ayudar a conducir los instintos, los impulsos a la danza de los cuerpos y el deseo, la convierte en la “danza macabra”. La represión, los prejuicios, la mezcla sexo-sangre, devuelven el humanitas al animalenses bestializado.

Bolaño hace visibles a las víctimas de delitos sexuales, devuelve el rostro a las mujeres que fueron apenas un número estólido en las estadísticas forenses; rescata sus sueños, sus logros, sus habilidades. Vuelven a ser, la niña inocente, la joven curiosa, la madre solícita, seres vivos con pensamientos, sentimientos, ideales. Revive su condición de protectoras, con hijos a los que quieren entregar toda su energía y sus ingresos, mujeres que caminan largas distancias para llegar a las fábricas, mujeres a las que no les importa pasarse noches sin dormir empalmando un turno con el otro, mujeres cuyo sueño era vivir cerca del mar, mujeres de los pies a la cabeza, mujeres que le rezan a la virgen de Guadalupe, mujeres que cocinan a su prole, mujeres que cuidan un patio con plantitas y gallinas, mujeres con las piernas abiertas -muy abiertas-, , mujeres que quieren estudiar computadores o irse a Estados Unidos a cambiar el destino, mujeres que anhelan ser artistas. También, evoca a las menores de edad que morían sin que nadie hiciera nada para evitarlo, niñas que apenas empezaban a despertar a la conciencia, niñas cuyo pecado era tener un cuerpo de mujer, niñas que no se desprendían de sus muñecas, niñas alquiladas a las maquiladoras.

Nadie tiene idea de lo que acaece en Santa Teresa, excepto Elvira Campos, la directora del manicomio, algo similar a lo que ocurre en Ensayo sobre la ceguera con la mujer del médico, la única que no pierde la vista cuando todos los demás se quedan ciegos. Elvira ve ese oasis de horror en un desierto de aburrimiento, donde se destinan más investigadores judiciales a perseguir profanadores de templos y pequeños ladrones que a investigar los asesinatos de mujeres. Elvira no se ha contagiado de la ceguera general que no es más que la insensibilidad y robotización de la gente; ya ha visto demasiado, piensa que a los 55 años, próxima a cumplirlos, debería suicidarse. Soñaba, a veces, que lo dejaba todo, tomaba un avión a Paris, se hacía arreglar la nariz, los pómulos, se aumentaba los senos, rejuvenecía 10 años. “Una nueva vida sin mexicanos ni México ni enfermos mexicanos” (10). Como para Hamlet, Dinamarca era una cárcel”, así era México para Elvira. Ella hace teatro en el teatro de los enajenados, se reserva su espacio privado, tiene a raya a su estulto pretendiente. Elvira también se debate entre el ser y el no ser, entre el envejecerse en una sociedad de locos o escapar a la libertad.

Una serie de personajes desencantados habitan la narrativa de Bolaño, como una profesora de secundaria que escribe poesía y se suicida porque no soporta “todas esas niñas muertas”; la muchacha que no cree ni en el amor, ni en la honestidad, ni en las puestas de sol ni en las noches estrelladas, ni en los libros, porque en su casa sólo hubo libros nazis, política nazi, economía nazi, mitología nazi, poesía nazi, novelas nazis, obras de teatro nazi. Un pintor que sólo pinta mujeres muertas. Pero también hay un cazador que se iba al bosque, hiciera el tiempo que hiciera, a buscar su pene y sus testículos que le habían arrancado. Este hombre sin atributos terminó casándose y vivía feliz; un hombre que logró imponer su deseo a la realidad (11). Allí radica, tal vez, la felicidad, pareciera decirnos Bolaño, en intentar siempre imponer el sentido de la posibilidad al sentido de la realidad. Los dos sentidos que según Robert Musil permiten, en su interacción dinámica, que “siempre el mundo podrá ser de otra manera”. No obstante, los muertos de Pedro Páramo parecen trasladarse a los barrios pobres de Santa Teresa, a las zonas de maquiladoras, a las fábricas cercadas por barreras de alambre en las chabolas perdidas, “esperanzadas apenas en un hermoso atardecer”. Y susurra también El laberinto de la soledad, que tiene la virtud de que lo allí predicado no solo aplica para México sino que es extensible al género humano:

“La contemplación del horror, y aún la familiaridad y la complacencia en su trato, constituyen contrariamente uno de los rasgos más notables del carácter mexicano. Los Cristos ensangrentados de las iglesias pueblerinas, el humor macabro de ciertos encabezados de los diarios, los “velorios”, la costumbre de comer el 2 de noviembre panes y dulces que fingen huesos y calaveras, son hábitos heredados de indios y españoles, inseparables de nuestro ser. Nuestro culto a la muerte es culto a la vida, del mismo modo que el amor, que es hambre de vida, es anhelo de muerte, el gusto por la autodestrucción no se deriva nada más de tendencias masoquistas, sino también de una cierta religiosidad” (12).

martes, 1 de octubre de 2013

Elogio a los poetas mamertos (Primera parte)


Suena la marimba de los roñosos: Mao, Mao, Mao… el golpe, la reverberación de las tuberías, y el hoz sobre la sinapsis de las amebas.

El salón está listo, el lápiz está listo,  el discurso neo-culebrero está listo, los pañales están listos:

Primer punto: Mamertos y Mamertas de Colombia, nuestra poesía incendiaria no tiene ídolos,  ni Humpty dumpty, los Annunakis y la miseria perderá la dirección de nuestra filosofía.  Somos capuchos del verso y la rebelión autista. Nuestro terrorismo patético tiene la suavidad de lo rural, y como porcinos le haremos el amor a las hortalizas, hablaremos de identidad en las selvas con teorías francesas,  y en la barriada imitaremos al estilo de Bukowski.  Recitaremos la poesía de los indignados y los excluidos con nuestra lengua viperina con síndrome de Tourette. Porque nunca nos callará nadie, ni la mierda de unicornio.

Segundo punto: Poli mazorcas, poli prepucios, poli artrópodos, basta ya de los conclaves poéticos. Compañeros mamertos, vivimos un  momento  histórico de liberarnos del yugo de la poesía institucional y academicista.  Basta ya del coctel y el mutuo elogio. Basta de las dictaduras de los fachos poetas, nosotros haremos la revolución del vómito del gallinazo, pues los militantes de la mejor poesía de la ciudad, se tomarán las calles en la libre expresión de la imbecilidad:  a la carga, a la carga.

Suena la marimba del herpes: Mao, Mao, Mao…  la música del colectivo emborrach-arte,  la mutación de los espermatozoides: las criaturas del Averno.   

Silencio en Dubái: Poetas millonarios, somos los jóvenes poetastros, con ganas de ganarnos el premio nacional de apendicitis, la gente nos escuchará porque somos profetas: yo soy, sí, yo soy la verdad, nuestra secta se llamará: Somos jóvenes poetas. Nuestra misión de perros amputados, será el escándalo.

Silencio en Medellín: Alberto Aguirre sacó por tercera vez  de la cárcel a Gonzalo Arango. Aguirre como si fuera un visionario le dice: Vea Gonzalo, en el 2013 unos culicagados lo imitarán y vos te morirás de la risa en tu tumba. Sos un hijueputa,  influenciarás a un circo.

Silencio en Cali: El gago cinéfilo, el amigo de las  narices periqueras de Mayolo, sentirá nuestro poderío al son de Lluvia con Nieve, somos invencibles párvulos hedonistas, suicidas desempleados, hijos bobos de la maracachafa, bailamos y bailamos nuestro rito de la sobredosis, y claro,  los sub 20  tenemos un Caicedo en nuestro corazón.   

Suena la marimba y el rito de la poesía  Vogona,  el rumbo está en nuestras manos : Mao, Mao, Mao…

Revista Innombrable


“hay algunos individuos que perdidos en la bruma y el caos de la ciudad contemporánea, lugar de encuentros y desencuentros, de una soledad que va más allá del cuerpo y del deseo irreal han decidido retomar el legado de los antiguos magos. Ellos hoy articulan y arman su entramado arcano a través de su poesía y se dicen a sí mismos -innombrables- los sin nombre; repulsivos y atrayentes, pero los innombrables siguen allí, impávidos, escribiendo, desafiando su tiempo, la construida verdad, continúan embriagándose, llenándose del caos que se riega por el mundo y que todos temen nombrar”

Revista Innombrable nace en Medellín Antioquia en el año 2009, como propuesta alternativa al arte de la ciudad y el país, la revista en su inicio fue integrada principalmente por estudiantes de la Universidad Nacional, Universidad de Antioquia, amigos, conocidos y artistas cercanos al grupo de la “balsa”, los “bambúes” o simplemente del “parche” como le llaman en Medellín. 

Aunque la Revista Innombrable tuvo su origen en dicha ciudad, solo uno de los 5 números con que cuenta la revista ha sido lanzado en Medellín; la edición # 1 llamada “Aquí y Ahora”, fue lanzada en la ciudad de Bogotá, días después algunos miembros fundantes se dieron a la tarea de llevarla a países como Ecuador, Perú y Bolivia.

Al siguiente año, 2010, sale la edición # 2 “El sonido de las Esferas” siendo esta la única edición que ha visto la luz en su ciudad natal, tras el lanzamiento de este #, los innombrables realizan diferentes tipos de actividades en bares, parques, universidades y diferentes puntos de la ciudad y pueblos aledaños como la estrella y el peñol. 

Desde que la primera edición de la revista vio luz en Bogotá en el año 2009, en esta ciudad se siguieron realizando actividades con participantes y miembros de la Innombrable, siendo así que la #3 correspondiente al año 2011 “Los Días en que Pensamos Tarde” fue lanzada de nuevo en la capital, con un buen número de participantes tanto de la ciudad de Bogotá, como de Medellín.

Desde mediados del 2011, la Revista Innombrable viene trabajando en la Ciudad de México, donde ha lanzado las ediciones #4 “Alquimia Poética” en el 2012, y #5 Violencia-Arte-Revolución “Estéticas de Resistencia”  correspondiente al 2013 y de la cual nace la idea del 1er Encuentro Innombrable MÉXICO D.F. 2013 “Lectura incesante de poetas Infames e Innombrables”

Desde su creación en el 2009 y durante sus 5 ediciones, la revista innombrable ha publicado más de 100 artistas entre poetas, cuentistas, ensayistas, ilustradores y pintores de diferentes partes de Colombia, América Latina y España. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

Cegados por un Camino de Luz Desconocido


Hombres, poetas y hechiceros, enfermos de amor festejado en las ferias de collares y deseos baratos, místicos, monos con lujosos atavíos de vendimias dementes, mendigos de harapos de seda y cables derretidos, ídolos de papel, narcóticos ocres y volátiles embriagando a borregos de la razón y la luz, las criaturas mutan atrapadas por las sombras de amos impalpables, mientras seducen las pasiones desechables y los mercados del espíritu.

Y el eco de los señores aún resuena desde el etéreo reino de piedras preciosas y carbón, resuena y ruge como una bestia condenada en el deforme cuerpo de las ciudades:" Con que suerte de inmanencia nos arrojaron al mundo como estrellas abandonadas en el espacio absoluto".

Nos ciega un camino de luz desconocido, transfiguramos altares por amores plásticos intentando beber del seno de ídolos, fantasmas estériles, petrificados por la brea del desconsuelo y el asfalto.

Ya pateado por el amor, ya por la senda obscena, ya por un horizonte alegre, ya succionado por los pezones y diluido en el sudor lujurioso, siempre acosado y derribado por el hastío de la embriaguez y la locura.

En el albor de este abandono, nos ciega un camino de luz desconocido...

Los años han pasado ya desde mi último nacimiento, parece increíble que los rostros contrastados de ropas glamurosas o miserables sean el único humor de estas calles sometidas, en el rumor y escozor de la feria del mundo y sus caprichos, en el juego de poder de señores irónicos... nos ciega un camino de luz desconocido.

Y en el presente de la travesía interminable, ahora que la voluntad vaga por aquellas regiones de sol y de leyenda, en aquel lugar donde aún no me toca...

Te aniquilas o escapas entre las granjas plastificadas, entre riveras de humo, cartón y metal; te aniquilas o escapas por le río escatológico y las fuentes repletas de malgastadas esperanzas; te destruyes y deformas para reposar tu fuerza en las caderas deseosas de las noches maquinales revolviendo tus pliegues de gracia con las estaciones vengadas por aquellos "señores".

¿Alguna vez restauraremos el celeste abismo, paraíso presente y olvidado?

¡Alguna flecha que atraviese mi extraña ironía! Lentamente vuelvo al día sublime donde mí latir fue arrastrado por los cuatro vientos y todos los ojos vieron por la coraza de los arboles sabios.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Comunión


Francisco Enríquez Muñoz
Lo peor de todo es el medio día, el sol perpendicular, el concreto del piso ardiendo y el cielo despejado sin la esperanza de una sola nube redentora. Y esa luz de octubre que entra de la piel al músculo, del músculo a los huesos, quemando todo a su paso. Fuego en las venas, sangre ardiendo... sin ser metafóricos. No hay espacio para las metáforas cuando uno está preso, preso y muerto, porque me mostraron los periódicos en los que se anunció mi muerte, “Líder terrorista cae en avanzada del Ejército”, una foto: mi mamá llorando frente a un ataúd que seguramente no le permitieron abrir.

Así es como empiezan a matarnos en estos destierros. Primero nos aseguran que nadie vendrá, luego nos extienden un certificado de defunción con las firmas oficiales, te van quebrando, golpe a golpe, palabra a palabra, uno llega a creerse que de verdad no existe. La tortura psicológica es la peor de todas, los cigarrillos en la piel son nada comparados con la sensación que da leer los testimonios de tu novia cuando se enteró de tu muerte. Uno quisiera gritar al mundo que está vivo, “sigo aquí, en algún lugar del país, preso, mutilado, ¡pero vivo!”, que existe, que no lo olviden... pero Ellos controlan la verdad, la monopolizan, y van acostumbrándote, quebrándote, arrastrándote a tu nueva condición de muerto sin importancia. Te convencen de que sólo existes porque Ellos así lo quieren, porque Ellos lo permiten, porque sólo Ellos lo saben, saben que estás vivo, que estás preso... porque sólo tus carceleros no te olvidan.

Primero buscas excusas para mantenerte fuerte, herramientas para abrazar la cordura. Rehaces mentalmente los planes de la Revolución, recuerdas que cuando estabas afuera el problema de Comunión era tratado siempre en las reuniones clandestinas, que siempre se sugirió tomarse la prisión para liberar a los compañeros. Sí, juegas a mantener vivas las esperanzas, los rostros de los compañeros que tarde o temprano van a sacarte, la voz fuerte de V. que vocea ordenes, o la de O. que andaba siempre sonriente, y que ahora te asegura -desde algún lugar en tu memoria- que todo va a salir bien, ¡fuerza camarada!

Ellos te lo permiten, te torturan, cada día a la misma hora, salir de la celda, arrastrado, y el agua, o el fuego, o la presión de los grilletes en los tobillos y la sangre que bombea en tu cabeza mientras estás suspendido, una, dos, tres horas, hasta que te sangra la nariz y te duelen los ojos y sientes el estallido de sus carcajadas como pequeñas granadas en los tímpanos. Pero esperas, te aferras a la sonrisa de E. o a la voz de C. cuando le daba por agarrar una guitarra. Luego Ellos te dicen que estás muerto, y te avientan el periódico con la noticia, y al principio todavía crees en la verdad, en que V. sabrá que es mentira, en que L. dirá que se trata de otra patraña... Te cambian de celda, a una sin techo, y sientes que poder ver la luna y las estrellas aliviará los dolores, y lo hace, por unas noches, porque todo cambio es agradable así uno siga preso. Pero viene el sol del mediodía, y las nubes claras son una burla a tu libertad perdida, y Ellos te dicen que no existes, y vos -poco a poco, casi sin darte cuenta, emboscado- vas soltando las esperanzas, olvidando las palabras de V. y la sonrisa de E. y la guitarra de C.

Es imposible tomarse Comunión. Vos lo sabes porque muchas veces ayudaste a hacer los planes en el aire, porque te desvelaste pensando en las posibilidades y admitiste que era imposible, que por ahora no se podía, que primero había que reforzar el movimiento y quizás -sólo quizás- luego pudiera intentarse ese golpe, el golpe decisivo para rescatar a los compañeros presos. No, uno nunca pensó en rescatar a los compañeros muertos, porque estaban muertos, porque uno nunca pensó que pudieran estar con vida, con vida y presos en Comunión. La desesperación duele los primeros días, es ahí donde la mayoría dicen lo que saben, donde responden a todo. A mí Ellos me dijeron que era R. quien les había dicho dónde encontrarme, R. estaba muerto, yo había consolado a su esposa y a sus hijos, y R. -muerto como estaba- les había dado mi dirección, ¡les había dado mi nombre! No lo culpo, seguro que lo interrogaron a medio día, y con ese sol a pocos nos quedan energías para mentir. No sé cuántas fuerzas me queden a mí.

¿Qué diría U. si supiera todo esto? Insistió tanto en que aprendiéramos a defendernos, en que siguiéramos los manuales que había traído de Cuba para aprender a resistir un interrogatorio. Yo he hecho lo mejor que puedo, sin esperanzas me aferro al odio, a las antiguas convicciones que antes me sostuvieron en la lucha. Los odio a Ellos, y por eso grito recetas de cocina cada vez que me cuelgan de las piernas, por eso recito viejas obras de teatro cada vez que sacan mi cabeza del agua, cada vez que acercan a mis dedos el fuego. Pero el sol, el medio día... tengo ampollas en toda la piel, desde hace meses -¿cuántos?- me obligan a ir desnudo, no hay nada que beber, la insolación no va a matarme pero en mi delirio he visto de nuevo a mis compañeros, he fantaseado con la sonrisa de E., con la voz de V.

Hace días escuché gritar a I., lo habría achacado a uno de mis delirios pero no era medio día, o era un medio día nublado. Quizás fui yo quien les dijo como se llamaba I., quizás en algún medio día de estos dije quién era... espero que I. pueda perdonarme si así fue, espero que entienda que no fue mi culpa, que yo nunca quise, que he aguantado todo lo posible, que sigo aguantando...

Pero es que vos te vas quebrando, Ellos te van quebrando, y ese sol, y estas paredes sin sombra, y el piso de concreto ardiendo. Vos no aguantas, no aguantas, no aguantas, y escuchas las botas que marchan a tu celda y el calor te hace divagar, y por un momento sueñas con la esperanza y crees que son los pasos de E., que V. y O. han encontrado un modo, que L. llegará, que U. va a comprender que no aguantaras más, que C. tocará la guitarra... pero entonces recuerdas que es imposible tomarse Comunión, vos lo sabes porque muchas veces ayudaste a hacer planes en el aire, que junto con R. te desvelaste estudiando los planos... pero R. está muerto, y vos, vos también.

martes, 27 de agosto de 2013

Arcana Matria

La República - Débora Arango 

Arcanos que saben el nombre
de mi nombre
háblenme
de ese lenguaje
que ya no recuerdo
(Marta Quiñonez, Arcano Tres)



Colombia
nombra el Cerro,
la llanura, el Caribe,
el desierto, la selva
el Pacífico
y  los Andes

prodigio geográfico
santuario de páramos
cultura diversa
más de cien etnias
ya todos lo saben

Colombia la innombrable
duele en el alma
se me atoran las palabras
decir eso que hay que decir
y que ya todos saben

una mujer tendida en su lecho
espera como Sócrates la cicuta
habitantes amnésicos
en sombría maquina
horrorizados de horror
enfermos de miedo
olvido de origen
lenta agonía

Reverbera Colombia

mamá pájara
alimenta al recién nacido

el digno machete
quien ha sabido sembrarte
el aliento consciente
de quien teje tus aguas
abrirá los senderos de recordar nuestra esencia
este ancestro que canta

Cuando digo Colombia
lo que digo es Matria

jueves, 15 de agosto de 2013

Los rituales del viento




Tatiana caminaba por la calle. Estaba furiosa. Había sido un mal día en el trabajo y su jefe le había gritado. Aborrecía su empleo. Alguna vez había soñado con ser una gran artista, quizás una actriz o una pintora, pero ahora era simplemente una de las tantas cajeras del Banco Nacional. A veces quisiera olvidarse de todo, desintegrarse en la niebla de la urbe, desaparecer. Pero, no podía y la frustración la embargaba. Todo era tan absurdo y monótono, no parecía existir escape alguno, ninguna oportunidad. Refunfuño. Estaba muy aburrida. Pateo una piedra que fue a chocar contra una caneca de basura. Llego a la puerta del edificio donde vivía. Saludo al portero, pero este pareció no darse por enterado porque no devolvió el saludo. Que idiota, pensó. Subió el ascensor y llego a su pequeño departamento oxidado, en las entrañas de Bogotá.

Cuando entró en la habitación descubrió algo asombroso. Se sorprendió al mirar sus manos y  brazos, o mejor dicho no vio nada. Pues sencillamente no estaban ahí ¿Seria que alguna divinidad difusa había escuchado su plegaria? Ella no creía en dios, pero esto, era absolutamente imposible. Se quitó toda la ropa y se dio cuenta que su cuerpo ya no estaba. Sus senos, su cintura, sus piernas, no quedaba nada. Solo un ligero abismo de silencio. De alguna forma al fin se convertía en alguien imperceptible, con ausencia de color. Lo primero que vino fueron las preocupaciones, pensó en el trabajo, en cómo comería, en cómo se comunicaría con los demás sin que se asustaran. Empezó a caminar de un lado a otro de la habitación, pero no se le ocurría idea alguna. Podría ir al servicio de salud, pero, ¿qué droga o tratamiento podía servir para la invisibilidad? Llamar a un amigo, tal vez. Agarro el teléfono, marco los primeros números: 2-15-67. Dudo un momento. No, él no le escucharía, pensaría que se le había zafado un tornillo de la cabeza. Ante la frustración de no tener nada, ni nadie que pudiera ayudarle en esta situación, se acostó en la cama bocaarriba. Miró al techo, levanto su mano y abrió los dedos. No, no los veía. Quizás fuera sólo una pesadilla y solo necesitara dormir. Dormir y no despertar.

Así pasó la noche. Se levantó. Lo primero que hizo fue mirarse al espejo, se sorprendió  al constatar que su cuerpo había vuelto. Sólo había sido una horrible pesadilla, una en la que no quería volver a entrar. Tal vez había consumido alguna droga exótica, sin haberse dado cuenta. Aun que a duras penas había probado una o dos veces un porro en la facu y su única adicción eran tomarse algunas polas la noche del viernes o sábado en el bar de la esquina. Varias teorías pasaron por su cabeza. Pero ahora lo más importante era ir al trabajo. Así que se olvidó del asunto, se preparó su desayuno y salió apresuradamente del edificio. Sólo había alcanzado a tomarse la mitad de su café. Se dirigió a su trabajo, donde su jefe la recibió alzando una de sus cejas en tono de desaprobación a pesar de haber llegado sólo un minuto tarde.

El día se fue entre papeleos, enormes filas y algunos reclamos de señoras encopetadas con ganas de llamar la atención. Se puso feliz cuando la jornada termino, era hora de volver a casa. Se fue caminando. Pronto empezó a oscurecer. A medida que la luz se iba, empezó a notar algo extraño. Se estaba haciendo invisible de nuevo. No lo podía creer, estaba realmente asustada.  Corrió como poseída hasta el edificio y paso rápido del portero antes de que este alcanzara a detallarla demasiado. Agradeció que fuera despistado y poco observador. Cerro la puerta con doble seguro. De nuevo las mismas preguntas del anterior día. Ninguna con respuesta. Pero todo se resumía en un: ¿Qué hago ahora? A pesar del cansancio decidió que debía tomar medidas. Se le ocurrieron algunas ideas, pero debía esperar al otro día para efectuarlas. Así que decidió seguir con su normal rutina. Comió con algo de dificultad y se le rego algo de comida en su ropa. Maldijo en voz alta. Luego se puso a ver tv un rato sin poder concentrarse, hasta finalmente quedar dormida en su cama.

Al despertarse comprobó lo que sospechaba, se volvía invisible sólo en las noches. Así que no tenía tiempo que perder. Llamó al trabajo y dijo que se sentía muy indispuesta. La chica que le atendió, que era la secretaria del jefe, le dijo que tuviera cuidado, porque el jefe la tenía en la mira. Tati suspiró triste. Pero reafirmo su estado poniendo un tono de voz de enfermo terminal dejando su última sentencia. La secretaria acepto y dijo que daría el informe, acompañado de un deseo de mejoría. Colgó y le saco la lengua al teléfono.

Hizo lo primero que se le ocurrió. Tenía que experimentar. Se dirigió a una tienda de pintura y compro de diferentes tonalidades. Recordó los tiempos en que había soñado con ser artista y practicaba un poco de body panting. Era tiempo de comprobar que tan bueno era su talento. Se pintó todo el cuerpo. Se ayudó un poco con el maquillaje. Luego se puso ropa que le tapara lo más posible. Aprovecho que hacía frío, se colocó una bufanda y unas gafas negras. Salió a toda prisa y se dirigió al bar. Allí se sentó y pidió una cerveza. El mozo la miro extraño pero no hizo ningún comentario. Los colegas del bar con los que de vez en cuando se sentaba a charlar y contar una que otra anécdota o chiste. Hoy parecían ignorarla por completo. Sólo uno, robusto y barbado, el más cercano, se acercó y le preguntó: “¿Estas enferma?”. Muriel entonces no pudo aguantar el impacto y salió corriendo del local, sin dirigirle la palabra a nadie. Corrió y corrió llorando, pensando que ya nadie la vería como un ser normal.

Llegó a su casa furiosa. Tiró los botes de pintura por la ventana y se sentó en su cama desconsolada. Así quedó dormida. Al otro día, que era sábado, ni se levantó de su cama. Recibió una o dos llamadas, pero las ignoro. También había un mensaje en el contestador de su amigo del bar preguntando por su salud. Desconecto el teléfono y se acobijo. Cuando llego la noche, decidió salir a caminar para pensar un poco. Se dispuso a colocarse la ropa, pero al final lo considero como un gesto inútil. El frio había mermado y al final era igual pues nadie le vería. Salió cabizbaja y pensativa. La brisa le empezó a hacer cosquillas y una particular sensación se apodero de ella. Le gustaba como su cuerpo desnudo chocaba contra el viento.

Pero, ¿no había deseado ella eso? El ser invisible, devenir imperceptible. Sea lo que fuese que hubiera pasado su pedido había sido escuchado, quizás por una estrella fugaz, por algún duende nocturno o alguna divinidad desocupada en un cielo sin wifi. De repente se sentía como un ser etéreo que volaba por las calles. Ella había logrado al fin un poco de aquello que llaman libertad. Libertad que solo es absoluta en el momento en que no eres percibido, en que tus manos se convierten en alas que no son vistas y tus pies en cohetes que desafían el viento. Se sintió feliz. Se dirigió al parque más cercano y empezó a bailar desnuda en el centro alrededor de algunos ancianos, parejas de novios y unos paseadores de caniches. Su baile recordaba a un antiguo ritual, quizás uno de tiempos antiguos, cuando los shamanes lograban una conexión con el todo que nos conforma. Así se sintió ella, una con el todo. Había perdido su propio yo, un “yo” que ya no puede verse al espejo, que levita perdido, en aquella noche de fiesta e irrealidad.

Luego se puso a pensar, ¿y si aprovechara para hacer otras cosas que eran indebidas?, se mordió un labio coqueta y sonrió. Muchas ideas perversas vinieron a su mente. Quizás aparecérsele en la noche al jefe, asustarlo y bajarle los pantalones en público. Entrar a un centro comercial e ir por su vestido favorito. Toquetear a un hombre en la sala de cine mientras están en una escena erótica de una peli y ponerlo incomodo, nervioso. Entrar a la heladería y tomar un poco de helado. Patear en las bolas al policía que se había burlado de ella alguna vez. Entrar siempre a preferencia o Vip por encima de cualquier gorila abusador. Bailar desnuda bajo la lluvia, en medio de la selva de cemento. Se impresiono ante tal cantidad de poder. Tati se sintió plena, etérea e inmortal.

Así pasaron algunas noches de bailoteos y travesuras nocturnas. Tati era una cuando entraba por la puerta de su casa al llegar del trabajo y otra cuando salía. O se podría decir que ya no era. Existía la Tatiana que trabajaba juiciosa y seria, que nunca llegaba impuntual al trabajo y la Tatiana que se perdía para la vista de todos, desaparecía en la ciudad. Una noche que retornaba del trabajo escucho a sus vecinos haciendo el amor. El movimiento de la cama y los gemidos de la mujer se filtraban a través de la pared, como escarabajos juguetones. El eco escandaloso de sus gritos la agitó y la trastocó. Sus vecinos siempre habían sido así. En algunas de sus últimas noches de soledad los maldecía en silencio. Pero hoy, lo miraba desde otra perspectiva.

Una idea lujuriosa le paso por la cabeza. ¿Y si entraba? ¿y si se acercaba a sus cuerpos desnudos y sudorosos? El solo pensarlo hizo que se sonrojara. No, no. Había ciertos límites que no se debían pasar. Era su intimidad. Ya era demasiado. Sin embargo pensó que era poco probable que alguien se enterara. La tentación le hablaba a sus oídos coqueta, y la serpiente del deseo se movió entre sus muslos apretando con ardor. No pudo aguantarlo. Se empezó a tocar mientras pensaba en ello. Se tocó hasta terminar con un pequeño grito de placer. Ese día no fue capaz de hacer más, así que se durmió. Pensando en cuerpos que se agitan y se cruzan en un océano de fuego y sudor.

Al día siguiente de volver del trabajo Tatiana decidió arriesgar el todo por el todo y entrar en la casa de los vecinos. Espero a que llegara la mujer y cuando ella abrió la puerta aprovecho y entro en el departamento. Se felicitó a si misma por su habilidad y rapidez. Espero en silencio a que la pareja se fuera a la cama. Luego cuando apagaron la luz se dio cuenta que era tiempo de entrar en acción. Entro en la cama despacio, aun con algo de temor. Aquel hombre penetraba a la chica con suavidad. Se acercó a la conjunción de cuerpos y empezó a tocar lentamente. Acaricio la espalda de él, sus dedos caminaron los muslos de ella. Acerco sus labios y beso sus cuellos desnudos que no podían reconocer nada en el fragor del momento y las sombras de la oscuridad. El ritmo de la penetración subió un poco y el nivel de placer se acrecentó. Acaricio el pecho peludo de él y paso su lengua por los pezones de ella. Permitió a su vez que la tocaran, que la palparan en el aire, sin saber que había un cuerpo más en la cama. Acariciaron sus senos, su espalda y sus nalgas. Algunos besos juguetones y perdidos abrazaron su piel. Luego el paro un momento para cambiar de posición. Aprovecho el momento y jugo un poco con el pene de él y metió sus dedos en la vagina y el ano de ella. Jugó como una niña con un juguete nuevo. Ambos emitieron gemidos de goce, que para ella eran mejor que cualquier coro de ángeles, o debería decir, de demonios desvergonzados. Se sentía una exploradora que profanaba un espacio sagrado. Una navegante que recorría el sudor de sus cuerpos y el fluido de sus órganos sexuales. Una artista, escultora de cuerpos y besos alados.

La penetración se reanudo. Todo aquello la excitaba enormemente. Se empezó a tocar ella también inevitablemente. Aquella mescolanza de cuerpos estaba cobrando su efecto, el estallido era solo cuestión de tiempo. Las manos, los pies, los labios y los cuerpos fueron solo uno. Y entonces paso lo increíble. El orgasmo llego y los tres se vinieron al mismo tiempo. Tati mordió la almohada para no gritar y que su presencia no fuera detectada, mientras la pareja gritaba de placer. Era el polvo perfecto. Pero ellos no lo sabían. Sólo Tati lo sabía. Sería su pequeño secreto. Sonrió y se retiró de la cama. Espero a que ambos se durmieran y se retiró del departamento sin hacer ruido, desapareciendo como un fantasma de la noche con una promesa de un volver. Tati se hizo consciente entonces de las ventajas de ser invisible, de los beneficios y la libertad que se diluye en cada acto, en cada Oportunidad. Ha aceptado su condición. Siente en su espalda unas alas enormes, que le permiten ascender al lugar donde antes el sol quemaba y donde la brisa se siente con más fuerza, con más ardor. Lo que siguió de allí en adelante fueron noches enteras de juegos y recorridos nocturnos. De día, Tati era la mujer trabajadora, seria, conversadora, amable. Aquella que cambiaba los billetes, hablaba de temas banales con sus amigas como lo bien que se veía el esmalte en sus uñas y lo lindo que estaba Ricardo. Sonreía. Todos en el trabajo estaban extrañados con su cambio. Ella era la rara, la artista, la anti-social y de repente se insertaba en esa normalidad trémula que siempre había detestado.

Pero cuando salía del trabajo y su cuerpo desaparecía, una sonrisa se asomaba juguetona en su rostro y un último brillo aparecía en sus pupilas para luego desaparecer. Era una estrella fugaz. Era la señal del inicio de la noche. De su noche. Entonces Tati bailaba desnuda en los parques, asustaba a pequeñas ancianas con sus caniches vestidos, tomaba cerveza y Fernet en bares mientras molestaba un poco a los ebrios jalándoles las orejas y entraba sin pagar al cine como diva de la tv. Le pinchaba las llantas al carro del jefe y cuando nadie miraba pintaba alguna pared vacía de guitarras, música y múltiples colores. Hacia el amor con los vecinos y jugaba también con otras parejas del edificio sin que pudieran percibir aquel fantasma que potenciaba su deseo y su querer. No había barreras, no había moralismos ni refinamientos. En las noches ella era la mujer sin reflejo. Desaparecía el cuerpo, aparecía Tatiana. Era un cuerpo sin piel, ni órganos. Era una pequeña brisa que pasaba inadvertida a la vista de otros, que se camuflaba en la sombra, en lo profundo del anochecer.

Pronto Tatiana ya se había acostumbrado completamente a este cambio y al manejo de su cotidianidad. Pero las cosas cambiarían. Un buen día va a trabajar como siempre, atiende a los clientes, finge normalidad. Espera con impaciencia la noche. Empieza a caer la tarde y sale feliz del trabajo. Se apura y llega a su casa. Entra al baño y se mira al espejo. Desea ver esa nada que le compone, esa nada que en la noche se pinta de colores, de deseos y de placer. Pero de repente ve que hay alguien allí. El espejo le devuelve la imagen de un cuerpo, de un cuerpo que ahora le parece desconocido. Se preguntó quién era esa mujer que se asoma desde el otro lado, qué interrumpe sus fantasías y aventuras nocturnas. El abismo se abre inconmensurable. Las cadenas vuelven de sus grietas perdidas y le atan con fuerza.

Tati no lo puede creer. Ya no es invisible. Ha perdido el don. Ha caducado el poder. Pensó que si hubiera sabido que tenía fecha de vencimiento, lo hubiera aprovechado aún más. En un primer momento se lo tomo con calma. Decidió no salir esa noche. Saco una botella de vodka que tenía en la nevera y empezó a tomar. Empezó a caminar de un lado a otro de la habitación mientras bebía. Por su mente pasaron toda clase de ideas y confusiones. ¿Quién era ella? ¿Qué extraño don era este que llegaba y luego se esfumaba sin previo aviso? ¿Por qué cambiaba tanto su cuerpo? ¿o en realidad todo había sido una loca fantasía suya? Y de nuevo aquella terrible pregunta: ¿Quién era esa mujer que se asomaba y se burlaba de ella en el espejo?

Volvió a mirarse detenidamente. Desprecio el cuerpo que se asomaba en el espejo. Le pareció grotesco, monstruoso. No lograba identificarlo consigo misma. Empezó a llorar. Las manos le empezaron a temblar. Deseo destruir a esa otra mujer, que ahora acababa en un segundo la vida que creía haber construido bajo el velo de la noche. Tomo la botella y la lanzo con fuerza contra el espejo haciendo que este se quebrara en pedazos. Se puso las manos en la cabeza y se tiró al suelo desesperada. Gritó. Con una mano se agarró de la cobija de su cama y la tomó para sí. Cubrió ese cuerpo vergonzoso. El dolor hizo que estallara en lágrimas y gemidos. Se sintió impotente e inútil. Se sintió como el mortal que toma un poco de ambrosia y néctar divino, pero que luego despierta y se da cuenta que solo le quedan panes viejos y un poco de agua para beber.

Así se quedó dormida. Al otro día se despertó, muda, sumida en sus pensamientos. Decidió no ir al trabajo. Volvió a llamar e invento otra excusa tonta. Dado el buen desempeño en los últimos días no le pusieron ningún problema. Se quedó acobijada en su cama. No era capaz de levantarse. Los fragmentos del espejo aún estaban regados en la baldosa del baño. Bostezó. Intento volver a dormirse. No fue capaz. Apretó su cobija. No quería ver su cuerpo. El día pasó lentamente. Los minutos se hicieron largos y perezosos. En ocasiones sollozaba sin remedio. En otras pasaba al silencio y el odio por sí misma. Así paso todo el día. Se sentía como una lombriz bajo tierra. No quería salir. Quería sumergirse en la inmundicia del pantano que ahora le rodeaba.

Pasaron dos días más así. Comía poco. Se paraba lo necesario. Solo para hacer sus necesidades básicas, comer y defecar. Desconecto el teléfono. De vez en cuando prendía la tv solo para sentir el ruido de la pantalla, sin prestar realmente atención. Cerro la cortina de la ventana, la luz le molestaba. Quería oscuridad y silencio. Quería aparentar que era invisible otra vez. La apuesta no le salió bien, porque pronto sus ojos se acostumbraron y la luz entraba de todas formas por pequeñas rendijas. Volvía a sollozar y pegaba puños contra la cama. Intentaba dormir, pero el sueño era efímero y tormentoso. En algún momento se paró a la cocina y pensó en cortarse la piel, en quitársela, en cortarse a pedacitos hasta que desapareciera ese horrible ser. Pero la cobardía le pudo. En vez de ello buscó un bolígrafo. Desordeno completamente la habitación para encontrarlo. Luego empezó a rayarse los brazos con fuerza. La varita mágica era deficiente, no funcionaba para ella. Se rascaba la cabeza y se atormentaba. Pero no encontraba una respuesta a lo que debía hacer a continuación, a como reestructurar su vida, a como apropiarse de ese cuerpo que hoy le parecía desconocido y repugnante.

Al tercer día se levantó al baño y tropezó con algo del desorden de su habitación. Se agacho con curiosidad. Era un viejo cuaderno. Lo miro con curiosidad. No recordaba haberlo sacado del lugar donde estaba en el armario. Quizás se había caído la anterior noche que buscaba desesperada el bolígrafo. Se encontró con sus viejos dibujos. Alguna vez había soñado con ser una gran artista. Su cuaderno estaba lleno de dibujos y pinturas. Había varios bocetos de paisajes urbanos y mujeres desnudas. Algunas bailando en el teatro, otras jugando cartas y riéndose. Algunas duchándose en las cataratas, otras haciendo el amor. Muchas mujeres desnudas en diferentes posiciones. Era un juego con el cuerpo. Cuerpos dinámicos, cuerpos que se mueven, cuerpos que cuentan historias para no olvidar. Entonces, de repente pensó que tal vez ese mismo cuerpo que ahora criticaba era su huella, era el trazado que ella delineaba en la realidad y el mundo. Se miró atentamente. Estudio cada fragmento de su cuerpo. No estaba tan mal. No era un monstruo. No al menos uno de verdad.

Había dado el primer paso. Se dio cuenta que debía tomar decisiones si quería salir de esa crisis. A ella le correspondía decidir buscando un don que tal vez ya no volvería o aceptar el cuerpo que ahora tenía y ver qué posibilidades le quedaban con él. Se decidió por lo segundo, lo primero era sin duda un camino sin retorno. No obstante, le costaría y necesitaba reencontrarse consigo misma. Se bañó y se arregló rápidamente. Se dirigió al trabajo. Entro a la oficina del jefe. Allí, sin decir una sola palabra coloco su carta de renuncia encima del escritorio. El jefe la miro sin entender. Tati no dijo nada. Solo le miro con desprecio y luego se fue. Se sintió aliviada, desinhibida, única. Se había liberado de una roca que pesaba con fuerza y que hacía de su cuerpo esclavo y miserable, monstruoso y aterrador. Era hora de pintar su propio trazo y de escoger hacia donde quería que llegara la línea. Preferiblemente bien lejos de allí. Compro un nuevo espejo y lo colgó en el baño de su habitación. Se miró y se vio hermosa. Se vio especial. Desde el más largo de sus cabellos hasta el más pequeño dedo del pie. Entonces empezó a aceptarse. Recordó lo que había vivido aquella noche con los vecinos y pensó que se había equivocado. Lo mágico de la noche no había sido el hecho de ser invisible o indetectable, sino darse cuenta de las posibilidades de expansión que su cuerpo podía adquirir. Gracias a esa experiencia irónicamente se conocía más a sí misma. Sus puntos de caída y éxtasis, de explosión de placer. Se dio cuenta que su cuerpo, incluso cuando no era visible era objeto de deseo y misterio. Que por más que la piel y las vísceras se fueran. El misterio del cuerpo seguía allí. Alimentaba deseos, apetitos y pasiones. Las guardaba en un pequeño cofre de piel. Su cuerpo era un templo. Era el lugar de lo sagrado, donde explotan galaxias y besos, donde se inician senderos inexplorados de la boca al ano, del cuello a los pies.

Decidió seguir con la siguiente etapa del plan improvisado que había ideado. Salió de su casa. Se compró un enorme blog con hojas grandes en una papelería. Se dirigió al parque. Empezó a pintar: Perros, arboles, casas, hombres. Todo tipo de hombres. No importaba sexo o edad. Ancianos tirando maíz a las palomas, parejas tomando café, mujeres maquillándose a escondidas, niños jugando frizbee, hombres solteros que trotan con sed. Sólo quería pintar y pintar. El arte era el medio por el cual se reafirmaba su cuerpo. Ese cuerpo que fluye como los demás en el río de la vida. Había encontrado una función para él. Había aprendido a querer y apreciarse, a expandirse y devenir. Finalmente se dio cuenta que a pesar de que no era invisible, no se necesitaba ningún polvo mágico para poder desaparecer.