martes, 9 de abril de 2013

Tres Coalescencias entre Arte y Resistencia


-VIOLENCIA-ARTE-REVOLUCIÓN-
“ESTÉTICAS DE RESISTENCIA”
  
5ta Edición 

2013


-CUENTO Y ENSAYO-

-Prólogo-
Hernán Alonso Jaramillo 
(Colombia)


Tres Coalescencias entre Arte y Resistencia

“El auténtico gran escritor no quiere escribir: quiere que el mundo sea un lugar en que pueda vivir la vida de la imaginación. La primera palabra estremecida que pone por escrito es la del ángel herido: dolor.”
H. Miller, Sexus.

Prologar es una oscilación. Un recurso a la seducción. Es una estrategia de extravío y sobre todo un llamado, una táctica de evocación. Un deslizamiento, un derrame. Algo que pasa a través de algo. Prologar es también prolongar. Un prólogo también es una estetización, aunque su etimología reenvíe al lógos, entiendo acá que un prólogo participa de la aesthesis  cuando, siguiendo la fenomenología de Levinas, la intencionalidad no llega hasta el objeto sino que queda suspendida en la sensación. Un prólogo es una suspensión, nunca da una versión lograda de lo prologado y se empequeñece hasta explotar en unas cuantas palabras. Pero para que eso pase es necesario deshacerse de los nombres, de la instancia del sujeto y buscar frecuencias del imago entendido como etimología de imagen. Los lectores reconocerán estas imágenes en su actividad hermenéutica particular, o tal vez las denuncien, las aplasten con el ojo arrepentido o las aspiren hablando.

Acá se reúnen ensayos y cuentos. A veces la textura no está totalmente clasificada y el derrame sucede. De manera que el argumento se poetiza con una narración vivencial o ficticiamente real. O tal vez pueda suceder que la narración abra imágenes estéticas de renombre filosófico. Todo puede pasar. Es una cualidad inmanente. Algo que permanece internamente y luego estalla. Se reúnen ensayos y cuentos en torno a una experiencia, la experiencia de la resistencia incrustada en el fenómeno estético. Resistencia frente al poder de la espada y frente al poder del dragón, enemigo de la libertad creadora del león (Nietzsche).

Primera imagen. El arte como línea de fuga, como devenir, como movimiento sin término, como plano de consistencia de la résistence, como máquina de deseo que abre sus propias líneas de dinamismo y de derrumbe, de socavamiento de estructuras dominantes y de formas en que se domestican los cuerpos -desde la respiración, la digestión hasta el placer-, pero también la forma en que el cuerpo resiste al cuerpo creado por el capitalismo, un cuerpo desprovisto de potencia, término que reenvía al conatus essendi spinoziano, y el cual Deleuze difundió citando “nadie sabe lo que el cuerpo puede”. El arte como resistencia no solamente efectúa la potencia de corrosión de cárceles sígnicas, ideológicas, lenguájicas y corporales, además de abrir caminos inéditos del deseo, del CsO, puede recubrir denuncias, producir el nombre Antígona frente al olvido impuesto por Creonte.

Segunda imagen. Ficcionalizar el fenómeno violento para acercarlo más, para hacerlo más próximo produciendo una imaginería translúcida de la violencia matérica por ejemplo sobre los cuerpos femeninos y los imaginarios torturados de lo femenino, respectivamente líneas de fuerza y de enunciación sobre el cuerpo de la mujer traspuestas en la máquina creadora de la literatura. Así se abre, en el siguiente conjunto de textos, en general,  una relación entre la literatura y los ejercicios de poder, una relación que traduce la relación entre saber y poder pero congelada y acosada por la creación, momento decisivo porque la literatura también puede obedecer a una lógica del Estado, a una programática de la reterritorialización. En todo caso, la literatura no tiene el sello inscrito de resistencia en su espesura ontológica como fenómeno estético; tal sentido depende constantemente de la naturaleza del deseo y de la relación sostenida a través del instante con la existencia, allí donde en el instante mismo se cumple la relación entre existencia y existente. Dos instantáneas hasta el momento reposan en estos ensayos y cuentos. Una que puede ser ilustrada por Musil así: “Una poesía parte en trozos el sentido del mundo dependiente de mil palabras cotidianas, lo parte por la mitad y hace de él un globo huidizo.” El arte entendido como desterritorialización de formaciones estriadas y búsqueda del afuera. La otra instantánea no hace del arte un catecismo, como se lee en uno de los ensayos, pero tal negación no puede llevar  a la ausencia  de intensidades dolorosas en él. El arte no es un catecismo, su finalidad no es el cumplimiento de su intencionalidad,  queda claro, lo que no significa que el arte no esté a su vez hecho de intensidades dolorosas relativas a contextos político-sociales concretos. La literatura no puede ser solamente el recurso a la placidez, esta imagen corresponde con una literatura que combina lo testimonial –periodístico con lo ficcional. Dos ejemplos concretos de esta literatura podrá referir el lector en uno de los ensayos acá disponibles. Esta segunda imagen es muy afín, tal vez,  a la interpretación Sartreana que a la pregunta ¿Qué es la literatura? contestó subrayando en calidad de un existencialismo humanista que el arte literario es un compromiso político de un acto de decisión de un hombre absoluto. Los contextos político-sociales de Latinoamérica han ex – puesto de manera particular la relación entre literatura y dictaduras militares, recurso a la resistencia furtiva de quienes escribieron en silencio, exiliados, cubriendo sus vidas con el blindaje del arte como medio de exasperación de lo dominante. Esa relación de exposición pública en el arte, cumple a su vez un papel sobresaliente en los performance que evocan a través de la ex – posición del cuerpo, lugar privilegiado de la política, la denuncia a la injusticia y al olvido como ministerio de las armas territorializadas en un cuerpo fascista estatal y social. Mejor que la poética de la creación sea un recurso de la existencia, una forma de integrarla a los ínferos de la carne y del ser. María Zambrano y su razón poética  en  medio de su filosofía del exilio  y del delirio estrechó la existencia y la creación en medio de una sensibilidad femenina a través de los sueños, la poesía, el cuerpo, el corazón de cara a la muerte, al miedo y a la violencia.

Aún estamos en estas dos imágenes sobre la relación entre arte y violencia. El lector encontrará acá en la versión de los autores estas instantáneas y prismáticos estéticos. La segunda imagen que tiene por relación la dimensión crítica y  explosiva del arte sobre el poder dominante  expresa este límite: cuando un artista es asesinado eso significa algo más que el dulce encuentro con la placidez de la vida y revela negativamente la potencia estética de resistencia del arte. Si la tragedia griega Antígona encierra un pliegue político evidente es porque su mímesis es una posición, es decir, un acto de fuerza a través de la intensidad del dolor frente a la tiranía del orden que in-sepulta en el olvido, recurso  a la supervivencia  que decreta el poder sobre la eliminación absoluta del otro como reflexiona Canetti. Por otra parte, la parrhesía también encierra una estética, el vértigo de la muerte ante la enunciación inesperada del siniestro, de su intimidad, de su soledad condenada. También por esto el arte es locura y por eso el arte también está dado a la vida.

Estas dos imágenes, el arte como desterritorialización de las experiencias estriadas en el lenguaje, en el cuerpo, en el significante; y el arte como pliegue político que se ex –pone frente a las líneas de fuerza y enunciación de ciertas configuraciones de poderes, componen dos imágenes importantes del conjunto de textos de esta edición. No solamente se discurre a través de la ensayística sobre estas dos imágenes, las narrativas prendidas a su vez crean el particular efecto de un material poético que sustenta muchos de los enunciados sostenidos en los ensayos. Curiosamente los autores, sin previa comunicación sobre sus respectivas producciones han terminado creando un círculo entre consideraciones sobre el arte  y resistencia y narrativas que estetizan a través de la soledad, la ausencia, el misterio, el erotismo, la infancia, el recuerdo, que estetizan la resistencia y con ello generan un devenir-siniestro, un devenir-dolor, un devenir-maldito y una exposición del carácter dominante del orden político, así pues, una ex – posición políticamente incorrecta pero estéticamente transfiguradora, corrosiva en la subjetividad sobre la violencia.

De manera que una de las particularidades más interesantes de los ensayos y cuentos acá reunidos consiste en su correlación performativa y en su capacidad de aglutinación mutua. No solamente la narración dramatiza algunas ideas propuestas en los ensayos, no solamente las encarnan, además traslapa estas dos imágenes que se han comentado. Entonces lo cuentos a través de una desterritorialización del sentir, por ejemplo de la soledad o del erotismo, crean una crítica directa al poder dominante cruzándose con la segunda imagen.

Otra imagen importante en estos cuentos y ensayos se encuentra con el arte dado para la vida. El arte dado a la vida es el arte en la forma de niño, la tercera transformación del espíritu: “El niño es inocencia y olvido, un nuevo empezar, un juego, una rueda que gira sobre sí, un primer movimiento, una santa afirmación” (Nietzsche). El mundo del arte es el mundo del artista, un nuevo mundo, el mundo dado para la vida, “que gira sobre sí mismo”, donde la ensoñación, el ánima, la fuerza femenina extiende la conciencia (Bachelard), se repliega en el reposo, en la tranquilidad, desciende a la sombras, pues el arte según Levinas “Es el acontecer mismo del oscurecimiento, un atardecer, una invasión de sombra”. Como la vida, el arte no pertenece a la revelación, pertenece a las entrañas, a la sombra, a lo dado en su pasividad, contrario a lo tomado en su actividad, el arte es magia, canto, ritmo, el arte es, para glosar a Deleuze, devenir, y el devenir es la vida misma como deseo; por su parte,  para Nietzsche el devenir es lo dionisíaco, y lo dionisíaco es una valoración estética, una afirmación de la vida, de la voluntad de la vida. El arte para la vida es el arte que extiende la vida, lo dado como don.

Al igual que las anteriores imágenes, esta tercera imagen está entreverada con las demás. De cualquier forma el arte como disolución de espacios estriados o como crítica del poder- espada y el  poder-dragón es un arte del Dasein fáctico, de este ente que existe y en todo caso soy yo y se me da a la vida como disposición óntica. Para que el arte sea una resistencia necesariamente estará a travesado por la potencia de la vida. Estas tres imágenes dominantes son las frecuencias que el lector podrá hallar en los siguientes textos, imágenes que hablan de la resistencia a través del fenómeno estético ya sea a través de la ensayística o de la narrativa, seguramente el lector encontrará otras imágenes o renegará de las vestidas en este prólogo,  quién sabe, como siempre,  eso depende de lo innombrable.




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