jueves, 8 de agosto de 2013

Las insólitas imágenes de Auras (El retorno del Nadaísmo viviente)


En los años de la violencia como si de un extraño sueño se tratara, comienza la leyenda, un sutil piano que acompaña a la intriga es el preludio del susurro femenino: Auras… (entre ecos…) prólogos de la locura Nadaísta, de otro tiempo, poética, alteradora, “sensitiva como un gonococo esquizofrénico, inteligente como un tratado de Magia negra”, versaría entre las montañas el profeta de la nueva oscuridad.

Recuerdos latentes, pasado vivo en el presente, actualidad de la angustia (entre pasos), un Nadaísmo no dicho llama a la puerta, lleva por nombre Armando, el recuerdo que regresa, el reproche, el capricho, la herencia de lo que no han hecho, la ausencia en la presencia viva de los ojos, (entre sueños), una promesa de mañana, no quiero nada. Un cuadro lleno de sangre, una historia que no nos han contado.

En la plaza la voz del profeta resuena entre las masas, un encuentro de amigos encadenados al poema, Caos y disturbios por versos que nunca han sido nuestros llevan al viaje prometido (entre brumas), dispersos los nombres Aura, Antonio, negativos de fantasmas entre narrativas infantiles, ratas eruditas balbucean letras panfletarias, como bestias acuden al llamado de la guerra, la violencia en LSD.

Una máquina de escribir atestigua los acontecimientos, invitación no realizada que termina entre copas y Rock and Roll, la eternidad, vivir como muertos, (un modelo de ser), historia y literatura encendida que revuelve, amores de mala muerte, cópula en sanitarios viejos (entre fluidos) de cuerpos que se comparten, centenares de pájaros llaman a la puerta, graznidos y cacareos que quieren devorar los nombres.

Y se vuelve a contar la misma historia, aquel mito de salvajes que vivían entre fieras, primitivos, naturales, como aquellos sentimientos que escaparon del lienzo, un malestar es la promesa de la nueva obra, la locura, el delirio, tirar a la basura toda nuestra herencia, (entre llamas) arden las Marías, las risas, los aplausos, el estado Colombiano ha muerto de nuevo, un escupitajo Nadaísta adorna la fosa del cadáver.

La juventud amenazada ante el acto creativo, un juzgado de seres y cerdos los lanzan al vacío, (lo estamos haciendo por su bien), un orgasmo inesperado (entre música) de niños, los alados bailan el vals con la muerte, la llegada ocurrente de un nuevo amante, la respiración entre cortada con el gemido, hoy no sabemos quiénes somos, mañana podremos ser los muertos prometidos a esta nueva, exasperante suerte. 

Ahora por fin ha llegado, eso que no hemos esperado nunca, una carcajada desconocida sale de mi boca y la radio atestigua eso que nos negamos a aceptar, todos sabemos quiénes son los asesinos, olvidamos, no queremos pronunciar sus nombres, el Edipo es cuestión de idiotas, la niña quiere asesinar al padre y fornicar con su madre: Colombia, Nadaísta paridora, incestuosa bicentenaria de malas letras.

Posturas de la Necesidad (lo inevitable), aquella muerte siempre fue mía, el poeta la llamó mujer y Aura se acostó con ella, locura y poesía, dos caminos que se entrecruzan en un horizonte imaginario, muerte de estado, muerte del profeta, la historia retorna y hoy pactan de nuevo los guerreros, decir la nada es decir algo nuevo, el Nadaísmo es la invención permanente de aquello que aún nos negamos a inventar.

(Este es el tiempo en que no tenemos nada que perder)

Mauricio Arcila Arango

México D.F.  08/08/2013

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