martes, 9 de diciembre de 2014

La Feminidad Innombrable

-ETERNO FEMENINO-
“CUERPO Y EROTISMO”

6ta Edición

2014
  

-POESÍA, CUENTO Y FOTOGRAFÍA-

-Prólogo-
Ana María Bustamante
(Colombia)

LA FEMINIDAD INNOMBRABLE


La idea de que las mujeres carecían de motivaciones carnales representaba la piedra angular de su superioridad moral, empleada para mejorar el estatus femenino y multiplicar sus oportunidades”
Eva Illouz

La sexualidad era una bestia que había que encadenar, según los primeros cristianos; ahora es un animal fabuloso al que hay que liberar”.  
Pascal Bruckner

El arte es lo que le da vida a lo innombrable. De él vive y a él se debe. Se entrega a él, como va el sediento a la fuente, en un peregrinaje infinito. Entiende que el arte vive y se alimenta de lo femenino, se sumerge en ello, se alimenta de ello, se embriaga de ello.

De ahí que en esta edición de la Revista Innombrable,  la idea es la de nombrar precisamente la invisibilidad de las pasiones que subyacen la piel y los instintos, con la maravillosa figura de la feminidad como ápice del arte y la creación artística.

Aquí las letras salen a batallar como espadas, a defender su intimidad y las pasiones que las motivaron. Es esta la hora de construir ese mundo innombrable para hacer con el arte que es la espada, un puente que ilumine, no como lo haría una deidad, sino como el brillo de las cosas forjadas por el hombre  y que se sumerge en lo femenino.

En cierto sentido, la temática de escribir sobre el erotismo, el cuerpo y la feminidad, ha corrido durante siglos la lamentable sanción de la censura y de la omisión. Se ha querido mostrar una imagen casi divinizada de la feminidad y se ha hecho bajo el deseo de que así fuere. Basta con mirar el ejemplo de la Santa Inquisición, donde las mujeres que trasgredían las fronteras sociales que las encasillaba y las obligaba a vivir bajo ciertos estándares, eran tachadas de brujas, en una sociedad que las oprimía.

Por lo anterior, se quiso con esta edición de la revista, “Eterno femenino. Cuerpo y erotismo”, reconocer en la piel de las letras, cuán valiosa es la figura femenina no sólo simbólica, sino también corpórea, para dar como resultado el arte. Y como idea central se quiso hablar de mujeres que cerca de la palabra son realmente grandes, realmente libres. Y no hay nada en el mundo que supere en belleza a la libertad, y en nombre de la libertad esas mujeres aman y sueñan, y es en este sentido que las letras e imágenes aquí condensadas, traducen la intimidad de hombres y mujeres que se basan en la feminidad para dar a luz al arte, no sólo a través de la palabra, sino también a través de la imagen.

Se habla de lo femenino, de mujeres que llevan escrita en la piel la luz del cosmos y navegan guaridas secretas. Y aunque no tengan voz, ellas hablan con la suavidad de su naturaleza. Mujeres que si son llamadas putas están salvadas. ¿Qué mujer no ha sido una puta aún teniendo los ojos constelados y soñadores… por el simple hecho de ser mujer? Se visten de diosas y crean vida en medio de miles de muertes. Escriben, aman, sueñan, gritan y mueren muriendo la muerte, y viven viviendo la vida. Mujeres espejo y sombra y cuerda y abismo y cicatriz forjada en la calidez del viento herido donde nadie entiende la magia de haber nacido con femeninas formas. Mujeres que dicen, mujeres que son dichas; mujeres que nombran, mujeres innombrables.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Pronunciamiento de la Comunidad de Escritores ante la detención del Poeta Sandino Bucio


No es nuevo que un Estado persiga a los poetas, a los que hacen uso del habla, a los que se atreven a decir no sólo lo que es obvio sino lo que es posible: la potencia de los sueños y de su generación, de una conciencia que se extiende ahí donde hay habla, donde hay palabras. Un país no puede existir sin una literatura que lo represente, que le dé identidad, que lo revitalice. Habría que pensar si el Estado cree que México puede existir sin poesía. Pero el Estado mexicano, mediante estas acciones, busca silenciarnos forzosamente. Conocemos a Sandino Bucio y hemos compartido lecturas, poemas, publicaciones, tanto en la Ciudad de México como en Sinaloa y Quintana Roo. Lo que aquí han hecho es apresar a una de las voces que debería enorgullecer al país. Porque hablamos de que persiguen a la poesía, porque la poesía tiene el poder de regresarle el habla a una sociedad que la ha perdido por el miedo, por la desaparición forzada, la censura y el abuso de poder; y con hablar no nos referimos a la instrumentalización del lenguaje, no al lenguaje que persigue algo, sino al sentido que tiene el lenguaje sobre el mundo y las cosas: su capacidad de descubrir lo real. La poesía mexicana actual está generando nuevos nichos de “habla”, experimentándolos como nuevos giros en los que creemos existe el germen de una nueva conciencia. La poesía conquista una geografía del pensamiento que le arrebata a la arrogancia y al cinismo; hablamos de que la poesía tiene que ver con la capacidad de conmoverse individualmente y socialmente, de escuchar a los vivos y a los muertos, de hablar con ellos, de aprender lo que somos y hacemos. Éste es un país que está perdiendo su capacidad de comunicación profunda, de creatividad cultural, pero sobre todo, un sentido de pertenencia a una especie, a un planeta, a un cosmos. Debemos hablar para no aniquilarnos, porque hablar es el acto más avanzado que tiene el hombre como especie. La apatía nos ha llevado a un país injusto e inequitativo como el nuestro, a creer que no importa la muerte, los desaparecidos, las violaciones a los derechos humanos, que todo queda en discurso, en patrañas, en castillos de aire. Nuestro reto inmediato es una transformación del lenguaje, del habla y en eso Sandino Bucio es un compañero de viaje, pero para ello los poetas necesitamos no sólo de poetas, sino de nuestra sociedad. Este llamado es a esa sociedad, a esa comunidad por la cual damos fe de que aún es posible unirse en voz, en el sentido último que tenemos de seguir hablando, de decir las cosas, porque callarse es lo peor que podría pasarnos en este momento. Ser poeta no puede ser un oficio de terrorismo porque el poema condensa una carga de sentido que viene a la vida con nosotros. Alzamos la voz: si tocan a uno nos tocan a todos. Nuestra herramienta es el lenguaje, el lenguaje no es terror, a partir del lenguaje es posible crear otros universos, otros espacios posibles y habitables.

En un país donde quieren cotidianizar las palabras muerte, desaparecidos y terrorismo, es importante mencionar otras palabras como solidaridad, justicia y dignidad, palabras que se vuelven frases, que se vuelven mundos, que se vuelven un canto a la vida que aún es posible.

La comunidad poética de México se suma a las protestas convocadas para este primero de diciembre porque también aquí decimos ni pena ni miedo. México y el mundo condena estos actos de terrorismo de estado hacia la sociedad y sus artistas.

Comunidad Poética de México
Comunidad de Escritores

lunes, 24 de noviembre de 2014

Homenaje al Nadaismo


Dentro de los programas especiales en Voces de mi Región, cubrimos el homenaje organizado por el poeta Israel Gayosso  a Poetas Nadaistas, una corriente de la poesía que se genero en Colombia, como iniciador y principal exponente el Maestro Gonzalo Arango,  para nosotros es un honor y compromiso que cumplimos con mucho gusto el estar dando difusión a todos estos eventos.

HOMENAJE AL NADAÍSMO
RETRANSMISIÓN VÍA INTERNET PARA TODAS PARTES
Viernes 28 de Noviembre de 2014
10 p.m. hora Colombia; 7 p.m. hora Chihuahua México

Transmisión cortesía de www.vocesdemiregion.com, para todo Indoamerica a través de:


Evento fue realizado en el Estado de Chihuahua, México. El 14 de Noviembre de 2014 en el Café Cortéz.

jueves, 23 de octubre de 2014

Restos, Retazos Perversos


La página en blanco es como la ingenuidad de una niña sin vestigios, pulcra y santa, así la hoja comienza a reconocer la pluma con la que es manchada, escrituras perversas que desarticulan los cuerpos por un instante, es la muerte pequeña la que adquiere vitalidad al reconocerse en el orgasmo, la piel tiembla y la pasión se embriaga en el deseo. ¡Quiero más! ¡Otra vez! ¡Más rápido! ¡Más potente!

El manuscrito va tejiendo posibilidades, mancillando con su roce el papel, trazos acompañados de gritos y susurros. La forma de llegar al clímax no interesa, es esa gran explosión que colapsa la esencia, al despertar veo un rostro distinto cada que abro los ojos después de abrir las piernas ¿qué importa? Si el acto aclara y apacigua mi paisaje, ahora la fragancia sexual se introduce en mi aliento y me otorga un viaje redondo a las pléyades; transito por el universo en un suspiro.

Mi caverna penetrada por una verga prominente se sacude, no hay pensamiento en ese momento, es puro goce, puro placer de contacto, la imaginación me ayuda a llegar más rápido, más veces. Ser adicta al sexo es como sentir: la primera bocanada de nicotina en una tarde fría y lluviosa acompañada de una aromático café, un trago de cerveza después de una resaca de mezcal, un churro en una charla filosófica, un libro en el descubrimiento de la ciencia ficción, un destello al final del subterráneo, una senda en el laberinto, una vuelta en la espiral del sueño, un respiro en una pesadilla. Así, cada espasmo ha sido la única manera de que mi carne respire y se alimente, prolongando la venida en la desesperación del dolor de la existencia.

La muerte pequeña como esa metáfora de la vida, el acercarse a un ser extraño, aunque ese otro sólo exista en el espejismo del que se masturba.

La voluptuosidad me recuerda la inocencia, el toqueteo de esos niños que repetían la representación lúdica de las noches calurosas que los despertaba, a ellos les angustiaban los gemidos que se esparcían por la habitación, acompañados de olores putrefactos desprendidos de la miseria humana que evocan lamentos, cortina de humo que levanta la represión y permite descansar.

Ahora esas imágenes caleidoscópicas frecuentan mis sueños, saboreo esos dulces y tiernos besos, su manoseo inquietante es reproducido en el vaivén de las cobijas, mismas que cubrían los diminutos cuerpos desnudos de las miradas lascivas de los adultos, quienes al descubrir la escena se horrorizan de la sexualidad infantil, ya lo dijo Freud “Los niños son perversos polimorfos”. Yo me quedé en esa etapa polimorfa donde se transgrede lo afectivo siendo parte de lo inacabable y vacuo de mi fortuna.

Mis nalgas persistentemente se animan con el menor frote de la silla, se quedan preparadas para ser reventadas, eternamente nuevas, siempre renovadas, incitan mi herida que se humedece en su perpetuo excitar; en ese aprieta, suelta, aprieta, suelta que no se detiene jamás... Despierta o dormida ella siempre está activa, mojando sus labios y lamiendo todo lo que toca, así es mi pelambrera desbordada.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Posautor




No me preguntes si he leído Moby Dick

Solo conozco la historia de la ballena que a veces se me confunde con el soldadito de plomo

No me preguntes por el romanticismo alemán


Solo sé que por culpa de Goethe se suicidaron unos cuantos que no supieron refugiarse en una buena botella de Ginebra

No me preguntes por la Divina Comedia

Solo sé que el infierno al parecer es éste y no el de Mefistófeles como nos recuerdan en misa los domingos

No me preguntes si he leído a Foucault

Solo sé que en las cárceles el castigo es la vigilia para que no te apuñalen la dignidad

Deja ya de preguntar por el posmodernismo y la muerte del autor

Solo sé que es un tema dentro de las aulas porque en la realidad siempre te identificarán como el  autor de todos tus delitos

No me preguntes por los movimientos en la literatura

Mi único movimiento es el de mi mano sobre el espacio de la página

Basta ya de preguntar por mis conocimientos teóricos

Que esa mierda no me sirve

Cuando intento escribir mis impulsos 

Y no lanzarlos sobre ti y el resto del mundo 

que insiste en preguntar lo que no puedo responder.


jueves, 18 de septiembre de 2014

La resurrección




Un rayo de sol perdido se cuela por la ventana y acaricia su rostro inerte. Entonces su cuerpo parece volver a la vida, como en una especie de acto divino. El aire entra por las fosas nasales y llena sus pulmones otra vez, inflándole el pecho. El corazón se despierta, y la sangre vuelve a abrirse camino por sus venas. Sus mejillas recuperan lentamente el color. El pelo enredado y rubio vuelve a reflejar su brillo, bañado por los rayos de sol.

Debajo de sus ojos, el delineado desprolijo resalta sus ojeras como heridas de guerra. Los labios mal pintados dibujan un beso corrido hacia un costado. Los dedos de una mano se sacuden. De a poco, las extremidades van volviendo a la vida y comienzan a moverse. Sus párpados se abren lentamente, las pupilas respiran hondo.

Finalmente ella se incorpora y sale de su cama. Se pasea en ropa interior, arrastrando los pasos descalzos por el suelo frío.

Sobre la mesa ratona yacen varias botellas de vidrio, vasos con sobras de colores, y algunas cajas de pizza vacías. Las ruinas de varios cigarrillos desbordando un cenicero terminan de conformar la postal de una posguerra. Ella rescata el control remoto perdido entre los cadáveres, y prende el televisor en un canal cualquiera. Desde su cuarto su teléfono celular silba una melodía breve. Ella lo agarra, lee algo, aprieta algunas letras y lo vuelve a dejar. Luego se desnuda mientras camina hacia el baño. Abre la canilla y se mete en la ducha.

Las gotas resbalan por su rostro y arrastran la pintura de sus ojos, dibujándole fugaces lágrimas negras. Mientras el agua le limpia todo el cuerpo, ella empieza a pensar la manera en la que va a volver a morir esa noche.


sábado, 6 de septiembre de 2014

Profesionales



Le tiembla la mano cada vez que la retrata. Desde el primer momento en que pisó su estudio, de eso hace casi seis meses, ya no pudo controlar los caprichos de sus dedos.

Sólo de verla entrar vistiendo sus acostumbrados pantalones de jeans, una blusa ceñida al cuerpo y ese bolsito tan coqueto bajo el brazo, le late descontrolado el corazón. Ella ni siquiera necesita colocarse tras un biombo para desnudarse, él es el profesional que la retrata y que le paga; se supone que no se le mueve un pelo, ya debería estar acostumbrado.

Sin embargo, cada prenda que cae de su cuerpo y deja al descubierto un centímetro de su blanca piel provoca que sus hormonas se descontrolen y que un calor infernal lo recorra de los pies a la cabeza. Ese estremecimiento, producto del deseo y no del estrés laboral, es lo que le provoca esas sudoraciones frías que se instalan en su espalda y le erizan los vellos de la nuca.

No puede evitar humedecerse los labios cuando contempla sus pezones, imaginando que los recorre con la lengua y les deja rastro de su saliva provocando que se pongan duros, aunque sea el frío la real causa de esa reacción natural en tan bellos senos.

Su sexo da tirones de placer, hasta el dolor mismo, cada vez que su mirada se posa en la curva de su cintura, donde dejaría deslizar sus manos una y mil veces hasta llegar a ese Monte de Venus que ya conocen sus lienzos y en donde él ha rogado cada noche poder hundir su rostro y humedecerlo con su lengua hasta la saciedad.

Y cuando mira su boca tan roja y sensual, imagina sus gemidos y sus jadeos al ritmo de sus caderas. La imagina amoldándose a su miembro, henchido para ella, duro y dolorido para poseerla. Y sus manos tan bellas, lo que daría porque lo recorrieran entero y se aferraran a su sexo con desesperación y lascivia.

Le tiembla la mano cada vez que sus ojos la recorren entera e imagina que la toma a la fuerza, que al principio se resiste pero al final el forcejeo termina en resuellos de deseo puro. Y ahora, viendo su espalda, lo embarga el deseo de recorrerla con la punta de los dedos. El pincel se detiene un instante en el aire antes de llegar al lienzo, necesita recuperar la cordura y esperar a que ellos dejen de moverse involuntariamente.

La observa con los ojos entornados y no le escapa el solapado estremecimiento de los hombros femeninos. Piensa que tiene frío, no puede ver que se muerde el labio inferior y que sus ojos se humedecen. Siente lo mismo desde que la contrató como modelo, se ha conformado con la caricia de sus ojos sobre ella cada vez que la mira. En su fuero interno, guarda la esperanza de un acercamiento de su parte. Sabe, presiente, que no le es del todo indiferente por el brillo que ha llegado a ver en sus ojos, pero la desconcierta. A veces no sabe qué pensar, pero cada noche aguarda con ansiedad el nuevo día para verlo y volver a imaginar sus manos sobre ella y su cálido aliento en la piel.

Sólo le queda el consuelo de imaginar que se desinhibe para el hombre, no para el pintor, cuando abre sus piernas y deja que él hunda sus ojos en los rizos castaños de su pubis para inmortalizarla en posición tan osada. Si él supiera que se va humedeciendo poco a poco, como si fuera su pincel pintando los pliegues de su sexo; que tiene que tragarse los gemidos que se atascan en su garganta cuando lo imagina pronto a satisfacer sus deseos más oscuros…

Ambos son profesionales, habrá que ver quién dará el primer paso para entregarse a esa pasión desenfrenada que los está consumiendo desde la primera vez que comenzaron a trabajar juntos.

domingo, 31 de agosto de 2014

¡Ay, ni te salió sangre!


Tengo que escribirlo…

Mis piernas punzan, las gotas de sudor caen sobre el teclado y la tos no se detiene. Continúo con la agitación por el evento tan efusivo y dinámico que acabo de vivir. Pero para esto necesito ir al principio.

Resulta que hace unas semanas decidí comenzar mi preparación para correr el Maratón de la Ciudad de México, para quien tenga duda, son 42 kilómetros y 195 metros. Me cansé de sólo darle vueltas a una pista, cancha o deportivo, así que opté porque las calles fueran mi pista de entrenamiento.

Todos los días corro un aproximado de 20 kilómetros, hago gimnasio y lo complemento con la bicicleta y un poco de futbol. Regularmente esa rutina la hago en las mañanas, o al menos cuando aún haya luz.

Hoy no. Hoy la desidia, las ganas, la remodelación de mi casa, mi perro y mil pretextos más indujeron a que saliera a trotar hasta las 19:45 hrs. Hoy agarré una llave y emprendí el recorrido a cualquier lugar.

Apenas llevaba unos metros cuando salió Pablito, mi vecino y amigo de tan solo 5 años, quien me cuestionó sobre el costo del balón que le presté la semana pasada. Se le ponchó. Quiere pagarlo de alguna manera. Le dije que así lo dejara. Me acompañó un tramo y luego lo perdí.

Mientras más avanzaba sentía mi trote seguro, ligero, fuerte, imparable. La zancada estaba mejor que nunca y no importó que ayer dedicara todo mi día a pintar mi recámara y no hiciera ejercicio. Siempre con la mirada al frente hacia el objetivo: el cruce entre Fuerte de Loreto y Avenida Guelatao. Sólo hasta ahí llegué y regresé.

La “vuelta” esta vez sería alrededor de la universidad ya que la subida exige un gran esfuerzo, y por lo mismo, aporta bastante a la condición física.

Un dolor en el estómago parecía decirme: “¡Párate! ¡Ya es noche! ¡Comiste mucho! ¡Mañana corres! ¡Regresa a tu casa!”. Pero la necedad es uno de mis defectos (que a veces se convierte en virtud) y sólo bajé un poco el ritmo, pero continué.

De nuevo el límite estaba marcado entre Loreto y Guelatao. Di varios pasos chiquitos en curva y la banqueta era cómplice de la fluidez de mi andar.

En ese momento me percato de que, en la otra acera, un joven, de mi edad o menos, con chaleco y gorra blancos, corre cual velocista en el carril de los autos para después subirse a la banqueta. Fue tan rápido que mi ritmo fue un poco más lento para (ad)mirar su habilidad.   

Al voltear mi rostro al frente observo que hay otros dos sujetos, muy torpes en comparación con el primero, corriendo detrás de éste. Al notar que no podrían alcanzarlo abordan un taxi guinda con dorado y, eso no lo escuché pero por su forma de señalar supongo que gritaron enérgicamente al chofer “¡Sígalo!”…

De pronto he perdido la concentración en lo que estaba haciendo y ya no sé si en ese tiempo corrí, caminé o simplemente me quedé petrificado en esos segundos de acción.

Sólo dos calles después miro a más jóvenes, los cuales, al verme correr, me señalan.

Un instante. Un segundo. Un parpadeo.

Una fuerte contradicción pasa por mi mente: al mismo tiempo quiero echar mano de mi entrenamiento y correr lo más rápido posible; por el contrario, puedo mostrar calma y continuar con un trote suave.

¿Por qué hoy justamente estaba sucio mi short favorito y usé bermuda? ¿Por qué no traje una de esas playeras deportivas como las que acostumbro? ¿Por qué hoy no traje mi celular para medir el tiempo y mantenerme comunicado si algo sucede? ¿Por qué ahora que llevo varios días sin rasurarme y mi aspecto no es nada agradable? Ya de por sí tengo no tengo buena facha y ahora me confunden con un ratero, un buscapleitos, un criminal, un traicionero o un yoquesé. ¿Por qué?

La noche cayó y forma el ambiente perfecto para la escena. Todos los actuantes están en sus posiciones. Elijo la segunda opción: mostrar calma y trotar suavemente. De reojo vigilo que ninguno de los sujetos venga de sorpresa y me propine un golpe que me haga caer (en el mejor de los escenarios), sino es que con un arma blanca, roja, negra o de cualquier color.

En la total oscuridad de mi barrio, noto que, no sé cómo, pero libré aquel conflicto. Entro a mi calle. Alcanzo a escuchar a lo lejos que un niño, en forma de juego, levanta a otro y lo consuela “¡Ay, ni te salió sangre!”


Tengo que escribirlo…   

martes, 19 de agosto de 2014

1er Encuentro Internacional Innombrable - Lanzamiento 6° Edición: Eterno Femenino "Cuerpo y Erotismo"


Con motivo del lanzamiento de la sexta edición de la Revista Innombrable "Eterno Femenino. Cuerpo y Erotismo", los invitamos cordialmente a un nuevo encuentro de letras y música, lanzamiento que se hará de manera simultánea en la ciudad de Médellín y en la Ciudad de México D.F.

En Medellín el evento será el jueves 21 de agosto iniciando a las 7:00 Pm en La Venta De Dulcinea, a dos cuadras del parque de Envigado y detrás del éxito (antiguo EL LEY).
Dirección: CALLE 35 SUR No. 43 - 36
Envigado, Colombia.
ENTRADA LIBRE CON APORTE VOLUNTARIO.

En Ciudad de México el evento será el 21 de agosto a las 7:00 pm Café Grela, un café cultural que queda en Caleta 554, Narvarte, Benito Juárez, 03020 Benito Juárez, D.F. cerca del metro Centro Médico o Lazaro Cardenas. A unas cuadras de Parque Delta.
ENTRADA LIBRE CON APORTE VOLUNTARIO.

Les recordamos también que en el lugar se venderán licores, café, comidas, postres y todo lo disponible en la carta del lugar.

Mayores informes: 
Correo: lo-innombrable@hotmail.com

En Medellín: 
300 895 93 99 - 314 733 17 75

Ciudad de México: 
55 3864 7685

jueves, 31 de julio de 2014

Kali o las llamas del tiempo


Oṃ jayantī mangala kālī bhadrakālī kapālinī .
durgā kṣamā śivā dhātrī svāhā svadhā namō'stu‍tē
DEVI ARGALA STOTRAM

La negrura del abismo del tiempo se llama Kali;
Encarnación de Parvati, esposa de Shiva.

Las llamas de la mortalidad se consagran a Kali;
Encarnación de Parvati y esposa de Shiva.

La gracia en la misericordia de la muerte es la dulzura de Kali,
negra marea del devenir; Encarnación de Durga
y hermana de Shiva, pues Shiva también es Mahākāla;
pues Shiva también es Kālam.

Cuando Durga-Parvati se percata de que es tiempo comienza a ser Kali,
esposa de Shiva; fiereza de Chandi y
esencia del Kāla.

Cuando Kali no requiera del tiempo devolverá todo al inicio, que es ella misma;
devorando el mundo de vuelta a las sombras de su matriarcado original.
Señora del final y del principio,
apaciguadora de Shiva, que es kālam.

En cada uno de sus brazos majestuosos aguarda un ocaso para la existencia.
—En cada uno de tus brazos majestuosos veré las almas de cien— mil
condenados que osaron creer en ti.

Pues las llamas de la extinción que llueven a cantaros sobre la tierra
brotan sólo de Kali, y sólo a ella volverán;
¡ira de Durga; consorte de Shiva-Mahadeva!

lunes, 21 de julio de 2014

Tu Súcubo



El súcubo (del latín succŭbus, de succubare, «reposar debajo»), según las leyendas 

medievales occidentales, es un demonio que toma la forma de una mujer atractiva para 
seducir a los varones, sobre todo a los sensibles, a los adolescentes y a los monjes, 
introduciéndose en sus sueños y fantasías, para tener relaciones sexuales con ellos. 


Eras ángel andrógino
y te ofrecí la turbación de mis dedos
entre el roce furtivo del pantalón
- prieto dique que aprisionaba tu sexo-.
Y quise encenderte la sangre,
deslizándote al oído mil presagios
del naufragio que te esperaba
entre el abrazo de mis muslos.
O corromperte en la tentación,
de la manzana y su dulce
hendidura palpitante.
Arrancarte la mácula,
el estigma de pureza
-impropio de un hombre-.
Conducirte hasta la lenta agonía
de tu primer estertor,
 mientras te recitaba
el “Ars Amandi “ de Ovidio ,
siendo yo , tu súcubo,
tu meretriz de Astarté,
en los Jardines colgantes de Babilonia.
Y descubrirte el caracol lascivo de mi lengua
dibujando un laberinto de plata,
en cada recodo de tus secretas virginidades.

Pero tú me apartaste
- cáliz agrio-.

Mañana, nadie se extrañará si Salomé
pide tu cabeza en bandeja de plata,
para besar tu fría boca,
con sus labios de infierno y de despecho.

lunes, 30 de junio de 2014

La Colegiala, Betty y los Celos Injustificados


En la adolescencia me enamoré de una rubita preciosa de diecisiete años, y ahora, en aquel instante, volvía a enamorarme de una rubita de diecisiete años. Supongo que uno nunca deja de enamorarse de esas rubitas de diecisiete años. No importa si tú tienes treinta o cincuenta tacos, esas carnes frescas y rosadas, esos culos carnosos y esos pequeños senos son y serán siempre un sueño húmedo...

 Cuando le conté a Betty de aquella linda colegiala, hizo una mueca de desprecio y me pidió que le sirviera otro whisky en las rocas. Luego agregó que una niña de diecisiete años sería una boba, y una lenta. Ya dije, qué más da si tiene semejante cu... Pero Betty me interrumpió. ¡A que no te he contado!, exclamó. ¿El qué?, pregunté falsamente sorprendido. Ya me lo esperaba. Nuestra relación se basaba principalmente en charlas acompañadas de alcohol dentro de mi casa, y en mi terrible insistencia por follar. Insistencia a la que Betty se negaba rotundamente porque ella no deseaba dar un sólo paso más allá de la amistad conmigo. Se lo pasaba repitiéndolo: somos amigos. Nada personal, decía. En realidad no quería involucrarse con nadie que no fuese millonario; la idea del amor de Betty incluía alguna buena fortuna, y a un príncipe encantador. Aunque el príncipe era prescindible si la fortuna era cuantiosa. Y yo estaba muy lejos de ser todo eso. 

 Así que Betty se pasaba de vez en vez por mi casa, en ocasiones con alguna botella de whisky, y me contaba un montón de historias sobre cómo algún hombre guapo y adinerado había puesto el ojo en ella. Mientras tanto yo asentía desanimado con la cabeza, y me bebía la botella pensando en alguna otra cosa, o en cómo podía llegar a ser tan histriónica, y tan pusilánime. 

 Aquella vez me contó, noticia sorprendente, que su madre resultó ser amiga de una señora que a su vez era amiga de un señor, cuyo primo era un tío adinerado, un empresario, y padre de un chico de la edad de Betty. Y que esa señora había arreglado un encuentro entre ese chico y Betty. Ya dije, ¿y de qué empresa es empresario ese señor? No lo sé respondió, eso es lo de menos, el caso es que Rubén y yo nos conoceremos y estoy emocionada. Asentí con la cabeza y encendí un cigarrillo. Betty siguió con el rollo de ese tal Rubén y a los pocos minutos dejé de pensar en ello, en todo lo que ella decía, y pensé en la rubita de la otra vez… 

 La conocí en San Ángel, dije de repente, ¿no te parece curioso? Betty suspiró. Ya había notado que yo no le prestaba la menor atención, y suspiró. ¿Qué es curioso?, preguntó resignada. Si quería que yo continuase escuchándola, tendría que ponerme un poco de atención. La amistad, que tanto pregonaba entre nosotros, se basa en habla y en escuchar, hablar pero también escuchar, y ella ya había hablado suficiente. Es curioso que la haya conocido a ella, dije, que es un ángel, en San… Betty se levantó dejándome con la palabra en la boca. La miré mover el culo hasta la cocina. Se fue a la cocina y desde allí me gritó que siguiera, que estaba escuchándome. 

 Caminaba por la calle empedrada de San Ángel, dije mientras ella servía una ronda más de bebida, aquella calle empedrada con piedras de río y que está llena de restaurantes elegantes, ¿la conoces? Betty gritó que sí, que era una calle muy bonita y que pensándolo bien, no sería mala idea conocer a Rubén en uno de esos lugares. Ignorando su comentario, continué: no iba sola, iba en grupo; un grupo de cuatro tías menores y calientes, todas ellas vestidas en el uniforme azul de algún colegio de paga. Pero no podría ser de un colegio de mucha paga, espectacular, porque… vamos, esas tías no andan solas por la calle (hice una pausa para dar una calada al cigarrillo). Se trataba, más bien, de un colegio de poca monta, y ellas, las tres, sentíanse estrellas hollywoodenses paseándose por esa calle llena de glamur. Ninguna de ellas llegaba a los veinte años y lo sabías, lo olías, y te mojabas de mirarlas con esas calcetas ajustadas, esas faldas encima de esos culos, y esa juventud exacerbada y radiante (Betty chasqueó la boca). Esas sonrisas y esos ojos. Esos cabellos dorados bailando al compás del viento... Para, para, exclamó Betty, no puede ser para tanto, unas niñas bobas, por Dios. Lo dijo al tiempo que se sentaba en el sofá y me estiraba un vaso con whisky. Bobas si tú quieres, dije, pero buenísimas.  

 Saqué un cigarrillo de la chaqueta y lo encendí. Betty no decía nada. No hablaba de Rubén y tampoco me pedía que le contara más de la colegiala. Se limitaba a beber y a echarme miradas que no supe cómo interpretar. Así que decidí seguir narrando la cosa: 

 Tenía frente a mí a un cuarteto de jovencitas y alguna de ellas tendría que ser mía, pensé, porque una cosa así no es algo que Dios te ponga todos los días. Quiero decir que esas cuatro iban contoneándose por la calle, y querían que uno las mirase. Querían ser el centro de atención, y que un hombre las invitase a salir o algo. Quizá tenían en mente algún chico de su edad, pero yo me apunté de todos modos. Comencé a seguirlas sin que lo notaran. 

 Aquí Betty dijoque yo era un cabrón de mierda, un pervertido y un calentorro irremediable. 

 Bajaron por esa maldita calle, llegaron a Insurgentes y viraron a la derecha, seguí. Yo hacía que hablaba por teléfono en un tragamonedas y fumaba mi cigarrillo al tiempo que por el rabillo del ojo, las observaba. Había una en particular, con un culo particularmente bueno, y más rubia y más rosada. Así que yo iría por ella. Pero no sabía muy bien cómo acercarme. Las miré caminar por Insurgentes unos metros más, y luego dar vuelta en U. Me dio la impresión de que no sabían muy bien dónde coños estaban. Regresaron a la calle de las estrellas, y caminaron cuesta arriba. Hasta llegar a Revolución, y allí doblaron a la derecha, otra vez, y dos de ellas se despidieron de las otras dos, y abordaron un transporte público. La mía, la del culo más hinchado (Betty preguntó que si por fuerza tenía que expresarme tan vulgarmente) fue una de las que abordó. Miré el camión arrancar e irse. Pero no me detuve, corrí y corrí tras el maldito camión, hasta tuve que aventar el cigarrillo, dije, cuando finalmente un semáforo en rojo hizo detener al coche que llevaba mi presa, y pude subir, abordar el camión, y sentarme detrás de ellas. Dios santo, el solo olor de sus cabellos me causó una erección. 

 Betty dijo que a mí todo me provoca erecciones, y es verdad. Yo mismo le había mostrado a Betty cómo se levanta la cosa sólo de pensar en ella (en Betty), o en cualquier otra mujer, o situación. 

 Luego me pidió que le estirara un cigarrillo, y eso hice. Betty lo encendió y dijo: pues yo creo que iré de compras, a por un vestido, para la cita con Rubén. Ya dije, ¿ahora mismo? Ahora no dijo, más tarde, pero antes me daré un baño, y debo ayudar a madre. Ya dije, ¿ahora? Sí dijo, será mejor que vaya ahora. Ya dije, bueno. Y me levanté para abrir la puerta y despedirme de Betty. Betty pegó su mejilla a la mía, y se largó. Yo me quedé asombrado. Betty jamás se iba antes de la quinta copa. 

2

Logré enterarme gracias a la conversación que sostuvieron las niñas delante de mí, que mi princesa se llama Rebeca, y vive en un apartamento en Colinas del sur, dije, y Betty contestó: ¿Te dije que Rubén es Géminis? Ya dije, ¿cómo te has enterado de algo así? La amiga de mi madre le preguntó a su amigo por el cumpleaños de Rubén, y es el 23 de junio. Ya dije, qué bien. Lo que Betty quería decir es que según las leyes de la astrología, Rubén y ella eran altísimamente compatibles, pues ella es Libra, y él es Géminis. Bueno dije, el caso es que la amiga de Rebeca se bajó poco antes de los arcos de Colinas, y la dejó sola. Yo seguí el viaje hasta los arcos, donde Rebeca bajó, y yo bajé también. Supuse que tomaría algún otro transporte pero no fue así, bajó caminando y yo la seguí, y la miré doblar en alguna calle llamada Calzada de la serranía, o algo, y meterse en un edificio. Ella también me miró, y cuando lo hice, no le quite la mirada de los ojos. Eran unos ojos miel, hermosos, y ese maldito culo… Dios, una cosa así es un pecado. Lástima que falta tanto para junio, dijo Betty, si no, le daría un regalo muy especial a ese Rubén. Pronunció la frase muy especial con una malicia que sugería alguna clase de regalo sexual. Dando a entender que en el cumpleaños de Rubén, Betty se la chuparía o algo. 

 ¿Quieres una cerveza?, le dije a Betty levantándome del sofá. Sí dijo, pero ¿no tienes limón? Ella sabía perfecto que yo no tenía limón, que muy pocas, pero de verdad muy pocas veces yo tenía limón. No, respondí, y ella se quejó, como si del limón dependiera toda su felicidad. Habíamos bebido tantas veces sin limón, y nunca lo habíamos deseado, que aquello era un absurdo. Se lo pasó quejándose de que no tuviese limón todo el maldito tiempo. Tanto que tuve que decirle que si tanto quería uno, ya podía irse a cogerlo de su propio refrigerador. La idea no era descabellada, Betty vivía a dos pisos del mío y no hubiese tardado nada en hacerlo, pero se ofendió como si la hubiese insultado de la peor manera. Se largó echando leches, y dijo que yo era un desconsiderado. 

 Betty está actuando muy raro últimamente, pensé, no deja de interrumpir mis pláticas con ese maldito Rubén, y se altera por todo, como si yo la tratase de la peor forma. Pero no le di la mínima importancia, en vez de eso, miré la hora y pensé que fue mejor que se largase, porque ya se me hacia tarde. Eran cuarto para las dos y yo debería de estar ya en la parada de los arcos de Colinas, esperando a mi presa. Porque había ideado un plan de conquista, y el primero de los pasos, era presentarme a Rebeca, la colegiala, y el único dato que tenía es que más o menos a las tres de la tarde, ella estaría bajando en esos condenados arcos, yendo hacia su casa. 

3

Bueno, pues todo salió a pedir de boca. Creo que las cosas pueden salir bien si sólo te esfuerzas un poco, es cosa de actuar y eso es todo. Estuve esperando en los arcos, y de pronto la vi. Cuando lo hice ella estaba a punto de bajar del camión, por la parte de atrás, y yo corrí a ofrecerle mi mano. Se la estiré para que ella pudiese sostenerse al bajar. Antes de cogerla me miró y lo supo: yo era el tío que hace unos días la había seguido hasta su casa. Esto sólo podía significar dos cosas, que yo era un maldito pervertido, como decía Betty, o que yo era una buena persona. La colegiala sólo tenía dos maneas de mirar la situación. Afortunadamente no era muy lista. Tenía diecisiete años, Dios, un culo precioso, y muchas ganas de que un tío mayor la cortejara y la sedujera. 

Dibujó una sonrisa en su rostro y cogió de mi mano. Una vez abajo, le dije: hola, me llamo Martin, tú eres Rebeca, ¿no? Sonrió y dijo que sí, que cómo lo sabía. Entonces le confesé todo, aunque ella estaba enterada, de cuando la miré en San Ángel, y de cómo la seguí hasta su casa. Me justifiqué diciendo que me parecía la mujer más hermosa que jamás había visto. Se sonrojó y se disculpó, pero debía llegar a casa lo antes posible. Ya dije, no hay problema, permite que te acompañe, dije, y le tomé la mochila, la coloqué en mi hombro, y no pudo menos que dejarme hacer lo mío: seducirla camino a casa. 

 Betty adoptó la misma puñetera actitud cuando se lo dije. 

4

¿Qué haces?, me preguntó Betty cuando me miró coger un peine, y peinarme. Ya dije, pues me peino. ¿Por qué?, preguntó extrañada. Yo no solía peinarme, y además, estaba recién duchado y con la camisa dentro de los pantalones. Porque tengo una cita, respondí sin mirarla siquiera. Ahora me cepillaba los dientes. ¿Una cita?, dijo acercándose al lavabo, a mí. Ajá, dije con la boca llena de pasta dental. ¿Una cita con quién o qué?, preguntó asombradísima. En todo ese tiempo Betty no me había visto intentar un sólo ligue con alguien que no fuese ella, y no se lo creía. Con Rebeca, dije luego de enjuagarme la boca. ¿Con quién?, preguntó Betty, incrédula. Con Rebeca, exclamé, te he hablado de ella toda la semana, la colegiala. Betty enmudeció un par de segundos y luego dijo: ¿ah, sí?, ¿entonces no querrás ir conmigo al bar? Lo siento, nena, dije, pero esta vez no podré ir, tengo una cita con una rubita preciosa, y bueno… creo que la cosa se entiende, ¿no? Lástima dijo, yo pensaba invitarte esta vez. Es lástima, sí, dije, pero ni hablar, ¿quieres hacerme favor de darte la vuelta? ¿Darme la vuelta?, preguntó sin entenderlo. Sí dije, creo que estos pantalones no me sientan bien, me los cambiaré. Oh, es eso, exclamó, sí, vale. Se dio la vuelta.

 Betty estaba asombradísima, jamás en la vida me había mirado tan interesado en mi arreglo personal. Y tan poco interesado en ella, y en el trago. 

 Bueno, dijo mientras yo me mudaba los pantalones, ¿te conté que yo también tengo una cita? No, dije tajante, sin darle importancia. Sí dijo, con Rubén, ya es este fin de semana cuando lo veré, estoy muy ilusionada, me han dicho que es guapo, y es hijo… bueno, ya sabes, de un empresario. Ya dije, me alegro, ¿crees que la camisa está bien? ¿Cómo?, preguntó. Ya puedes voltear dije, ahora dime, ¿crees que la camisa está bien? Betty miró la camisa. Asintió con la cabeza, te ves muy bien, dijo tímidamente, como si le costara trabajo decirlo. Nunca me había dicho algo así. Excelente dije, ahora el toque final, ¿dónde diablos está la chaqueta de piel? ¿Tienes una chaqueta de piel?, preguntó Betty, Dios, no podía creerse nada de nada. Claro dije, sólo que no sé dónde coños está. ¿Y por qué nunca has usado esa chaqueta de piel conmigo?, preguntó. Ya dije, no lo sé, la reservo para ocasiones especiales, ya sabes. Betty suspiró. Pensé que yo era una persona especial, dijo. Vale dije, revisa debajo de la cama, por favor, yo buscaré en la cocina. En la cocina no estará, dijo Betty. ¿Cómo sabes?, pregunté. Conozco esa cocina mejor que nadie, dijo. De verdad, Betty había dicho mejor que nadie  en ese maldito tono, ya sabes, ese tono de… ¿Betty?, le dije muy despacio… ¿Betty, acaso… vale, no lo creo, pero… es que… hay algo que quieras decirme? No, dijo, sólo lo de Rubén, estoy segura que nos llevaremos estupendamente. Si todo sale bien pronto podré dejar este antro de mala muerte y… Vale dije, entonces dime, ¿la chaqueta está debajo de la cama? Betty se agachó a buscar la chaqueta. ¿Es negra?, preguntó. No dije, es café o vino, algo así, no recuerdo, ¿está? Creo que sí dijo, supongo que es esto. Betty se levantó con un pedazo de cuero colgando de su mano. La chaqueta estaba en bastante mal estado. Ya dije, esa es. Dámela. Betty tardó algunos segundos en dármela. La estiré un poco, la sacudí y dije: bueno, eso es todo, me piro. ¿Adónde?, preguntó Betty. A la cita, dije, Dios, que no escuchas lo que te digo? 

 ¿Cómo es que tienes una cita con esa Rebeca?, me preguntó Betty fuera de casa, al tiempo que yo echaba llave a la puerta. Ya dije, pues me planté con ella, le dije que me gusta, y quedamos en salir, ya sabes, para conocernos y todo ese rollo juvenil, ¿sabes que es lo único bueno de las mujeres de tu edad?, que se acuestan con quien sea, sin tanto rollo… ¿Mujeres de mi edad?,  ¿a qué te refieres?, preguntó Betty mientras bajábamos las escaleras. Por alguna razón me estaba siguiendo. Lo siento dije, no lo tomes a mal, quiero decir mujeres cerca de los treinta, no son unas niñas, saben de qué va la cosa y se acuestan con un hombre sin necesidad de conocerlo mejor. Entiendo dijo Betty. Ya dije, me da gusto, ahora sí, me piro, suerte con Rubén, lo saludas de mi parte, bye…

5

Doblé la esquina de la calle y no pude evitar doblarme de risa. Betty, la selecta Betty… ¡celosa! ¡De mí!, un borracho pendenciero, un roto, un bohemio, un vago sin oficio ni beneficio al que ha rechazado hasta el hartazgo porque no quiere darse a tan poca cosa. ¡La muy hijaputa! Yo lo sabía, estaba celosa como la que más, y todo ese rollo de Rubén, Dios, me  tenía hasta la coronilla. Apostaría la vida a que es un juego, un truco de su mente para darse a sí misma esperanza. No lo podía creer, todo había salido de maravilla. 

 Caminé unas cuadras más y me senté a una banca. Saqué de la chaqueta un libro de Rilke, y me puse a leer. Esperaría allí al menos unas cinco horas. Luego regresaría a casa y le diría a Betty que Rebeca era una chica estupenda. 


 Me había inventado lo de la rubia preciosa. Sólo para joder a Betty.