martes, 3 de febrero de 2015

Brotarás







Brotar –me escribió O. desde una estación de servicios –es cocinar y fumar: tallarines blancos, un pucho con todas las colillas que alguien olvidó sobre el lavaplatos o sobre tus piernas.

Agujeros, sin memoria, dibujan las quemaduras de las sábanas tendidas bajo el sol.


I
La deriva de tus manos, el crujir de tus hojas. Estas siendo fumada: te encuentran en las cafeterías con lentes de sol, en plena noche.

II
Buses que salen. Buses que entran. El terminal es un comienzo. Algunos amaneceres se deshilachan  entre los dedos sucios de tus pies.

Parece definitivo; alguien parte y otro se queda.

III
Tu esperanza es directamente proporcional a la leche en polvo que te resta en la cocina, más el orgullo secreto frente a tu no despreciable colección de  bolsas usadas de té.

Mirándote al espejo, sabes que nadie vuelve. Dudas que se salvan y tú, entre todos,  tampoco volverás.

IV

Será un imperativo entrar a una librería que no vende libros para conseguir hojas, sobres, lápices y un pisapapeles con forma de gato que mueve la manito, pues, te divierte la idea de tener un gato chino que mueve la pata como si fuera un pequeño dios construido por niños que nadie sentó sobre sus piernas.
En la ciudad de dos palabras –escribirás en las tardes –el cielo dibuja nubes de avispas.

V

Brotar es dormir la mañana entera. Revolcarse entre el polen y los caídos. Componer con el crujido de tus bronquios, una cajetilla diaria. El dibujo de un camello dirigiendo una caravana varada en la arena.


[extracto de “Breve coloquio para plantas” de Rodolfo Reyes Macaya (Chile)]

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