sábado, 7 de mayo de 2016

Armonías (Por: Lohengrin Jaramillo)



I


La Radio gime úteros caleidoscópicos, miedos animales en el alba, la radio escupe eléctricos torsos de
ritmos feroces y solitarios…
Es el artefacto saludando la vigilia, anuncia el sofoco de las casas, con ojos autómatas hiere sus
orificios sordos a la luz, clama por los furores humanos, nocturnos.
En el ruido de un nuevo día… es el artefacto que grita la música del verano, te anuncia en la mística de
su boca mecánica, te acerca ligera y melancólica entre laberintos de asfalto y metal rodante.
Entre el acoso de resonancias saturnales, tus làgrimas lubrican cuencos abismales, làgrimas que hacen
ríos por la transfiguración del amor y los tiempos, làgrimas que esculpen las pasiones glaciales; Tus
mejillas se alzan sobre la desesperación de la ciudad y sus horas.

II


Ignora esos títeres que remojan sus lenguas en los lagos de la “ciencia”, ellos solo saben discurrir
inadvertidos ante nuestra angustia moderna.
Pero ya no le preguntes al viento lo que quiere, él inocente, todo lo toma, todo lo deja,
Porque cuando todo se siente y todo te expulsa, los pensamientos gravitan torpes como enanos
obstinados que chocan con el hielo de los astros.
Mira como el aguilucho muere libre fundiéndose en la luz, mientras el chirrido agudo de las ciudades
arrastra sus deformes caravanas.

III


Inquieta y ruidosa saludas de nuevo el verano, vuelve a tu reposo, desliza tu piel sobre esa alcoba
nocturna y solitaria
Serena ya tus máquinas, que los fuegos oníricos son manantiales de perfumes que embriagan, naciones
fantasmas florecen en tu cuerpo, donde las estrellas, metales preciosos, zafiros azures ebullen como
mareas silenciosas fundiendo las almas
Dulces sueños lejanía, ¡la oscuridad de mi cuarto susurra imágenes, voces de enigmas, destellos,
sombras!
Las pestañas son afilados guardianes que navegan fatigados custodiando el ocaso de las formas.
Dulces sueños armonía, de inmensidades ensoñadas tus pàrpados se tumban ebrios sobre le cristal de
nuestras pupilas.
¿Qué es lo que guarda para nosotros la nostalgia?
¿Qué eres lejanía?
¡Qué en la distancia das vida libando los amores y engendras nueva luz en las formas!

IV


Asisto a la fuga del verano y sus armonías, transformas los acróis en espías con ojos noctámbulos,
vigilantes entre los vidrios de las casas.
Somos testigos disonantes de tu misterio; y rodamos, impulsando la tierra en el espacio, con nuestras
rodillas sonrientes que se hunden en las ferias de trajes ahuecados, vivientes.
Con ropas de festín en los circos del deporte celebramos la ignorancia, ancianos de ropas viejas en
colores difusos, mujeres atrapadas en pieles de muñeca, niños en ingrávidos juegos con sus extrañas
historias y prematuros retratos…
¿Dónde se esconden las armonías?
Tras el caos nebuloso de cielos encendidos e ignorados
Entre las miradas que se difuminan en el tiempo, tras los tantos versos que evocan “al pequeño vidente
vagabundo” sus ecos son casuales profetisas gravitando sobre el reflejo de los rayos lunares, orillas
escarlata de pasiones indecisas.
Serena esos mundos lejanía, estremece a los amores con los hechizos de las caracolas de arrullos
circulares, el caluroso lecho.

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