martes, 3 de abril de 2018

Ofrenda de Ana María Torres González




BOGOTÁ

Bogotá,  útero cansado de parir
Calles que  se perfuman de  orina
Selva  Embera en donde los niños duermen sobre el asfalto
Paredes  que  gritan el silencio oculto bajo la rutina
Vendedores  con  mejillas secas de indiferencia
Almas de cemento que  se embriagan con agua bendita, 
para soportar el quebranto del ensueño .

Bogotá, corazón de la tierra atrapado en un enjambre de púas
árboles invisibles
humedales amputados  
 pájaros  mudos
Ciudad de humo que  envuelve los ojos de las estrellas  
Bogotá, ciudad de fantasmas que caminan bajo el sol.


LA CASA

El sentido del reloj se ha detenido
Las persianas como ojos cerrados no permiten el paso de la luz
Sólo el maullido de los gatos rompe el silencio absoluto
Sólo la lluvia calma la nostalgia de las madrugadas

¡No hay motivos!

Los sueños se empolvaron en las camas
Y los extranjeros que allí duermen, 
no se miran nunca.

¡No hay razones!

Las memorias lloran en las grietas del cemento
El vientre que alimenta el hogar se cansa de parir…
Jarrones sin flores
Alacenas hambrientas.

La casa, 
 una pirámide de naipes pegada con saliva.
Al menor rastro del viento, 
Se derrumba  sobre un túnel de espinas.


OFRENDA

 Perdida en el mar 
como un pez sin cardumen
Me siento tan al borde del abismo 
Que me aferro  
                                inútil
 a las cañas de tus manos.

Me enveneno de caricias
Tratando de curar la anestesia de los días.

Como un pez,  que renuncia ante  la muerte…
¡Muerdo el anzuelo! 
Embebo la sal 
Ofrendo en tu lengua mi carne
para salvarme  del dolor.


Ana María Torres González, nació en Bogotá el 29 de Julio de 1995. Actualmente reside en la misma ciudad. Desde su adolescencia ha explorado diversas artes como la danza, la poesía y la pintura. Asimismo, posee intereses en el campo de las ciencias humanas, es Trabajadora Social. Uno de sus pasatiempos favoritos es leer y escribir poesía.

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